La Cautiva y el Conquistador
Y el pueblo ha vuelto, y nos tiene a nosotros.
—Tenemos un reino que sanar —susurró Wolf.
Christina se apartó y lo miró a los ojos.
—Y un futuro que construir. El día de hoy será el comienzo del despertar de un reino.
Wolf se inclinó y la besó. No era un beso de pasión, sino de promesas y esperanza. En él, Wolf, el rey, le hizo a Christina una promesa silenciosa de que la amaría por siempre, y que el reino, que había estado perdido por tanto tiempo, sería el testimonio de su amor.