Propiedad del diablo Sinclair
—preguntó él, su voz resonando con una autoridad que hizo vibrar el metal de la habitación.
Katie intentó responder, abrió la boca, pero solo salió un suspiro vacío. Sus ojos esmeralda se llenaron de lágrimas al ver que Leonard estaba de vuelta, pero el precio del reencuentro era un abismo de silencio entre ellos. Leonard Sinclair, el Diablo de Manhattan, comprendió en ese instante que su resurrección había sido pagada con el alma de su Reina. Sus ojos plateados ardieron con una furia fría y cósmica; el Rey había despertado, y el mundo pronto descubriría que un Diablo que no tiene nada que decir es el más peligroso de todos.