Rechazada, Traicionada por su marido, Acogida por el mafioso
–Suélteme, necesito irme–
–Necesitamos hablar sobre lo que pasó ayer en tu habitación. Yo... Yo estaba alterado y...–
–Usted no necesita disculparse por nada, al fin y al cabo, como usted mismo dijo, yo le pertenezco, cada parte de mi cuerpo le pertenece mientras tenga esta deuda que vale más que mi propia vida. Y mientras esa deuda exista, usted puede hacer conmigo lo que quiera, mandarme a lugares, mandarme a hacer cosas, usar mi cuerpo como quiera. Y yo no puedo hacer nada porque no soy dueña de mí misma, porque le pertenezco y estoy en sus manos. Así que ahórrese sus disculpas, pues dudo que vaya a disculparse por cada cosa que me diga que haga–