AMOR PROHIBIDO: LA OSCURA DECISIÓN
Es inesperado, y la vergüenza se me aferra como un tornillo de banco, presionando mi cráneo, amenazando con partirlo, y aun así, no pienso irme.
No puedo, porque tiene tanto control sobre mi cuerpo en este momento, estoy indefensa.
Debería irme.
Quédate; el sexo es genial.
Mi pecador interior gana.
Eso es lo que haré. Lo usaré para tener sexo y conseguir lo que quiero, nada más, porque soy yo quien tiene el control aquí, estoy al volante, avanzando a toda velocidad.
Aunque parece lo contrario por la forma en que controla mi cuerpo, y cada mirada, cada toque, cada palabra susurrada debilita mi determinación, haciéndome cuestionar si realmente tengo la fuerza para llevar esto a cabo.