De tu Amante Secreta a Mujer de tu Hermano
Antonio no me había contado hacia dónde íbamos; yo tampoco pregunté porque no me importaba el sitio, confiaba plenamente en él, y si lo mejor para mí y Gabriel era ese lugar, iría tranquila.
Aunque era más fácil pensarlo o decirlo que de verdad sentirme así. Varias veces observé de reojo a Antonio: se veía frío y sereno, tanto como la noche en que lo conocí. Él se limitaba al silencio y solo hablaba con Mariela, su hermosa secretaria que seguía el plan al pie de la letra y conducía con nervios de acero. Desde que la conocí en el departamento me dejó impresionada: preciosa, lista, preparada y, a diferencia de mí, le daba a Antonio soluciones, no problemas.