Filter By
Updating status
AllOngoingCompleted
Sort By
AllPopularRecommendationRatesUpdated
Mi Bastardo Inocente

Mi Bastardo Inocente

Rebeca, la amiga de toda la vida de mi prometido, resultó que estaba embarazada, por lo que, Héctor, para salvar su reputación, decidió casarse con ella. Cuando, sin poder creérmelo, le pregunté qué iba a pasar con nuestro bebé y conmigo, Héctor me respondió con una calma que me dejó aterrada: —Mira, Gabriela, Rebeca no es como tú. Ella solo me tiene a mí en el mundo. No soportaría el escándalo ni los chismes por un embarazo así. Lo que él parecía olvidar era que yo tampoco tenía a nadie más en el mundo, y que nosotros dos también esperábamos un hijo sin estar casados. Tiempo después, mientras todo el mundo se burlaba y decía que el hijo que yo esperaba era un bastardo fruto de la infidelidad... Héctor, junto a Rebecca, se limitaba a observarlo todo con una indiferencia hiriente. Fue entonces cuando comprendí que, incluso en el amor, hay niveles. Así que tristemente decidí abortar a nuestro hijo, que de por sí no era ningún bastardo, para así dejarle el camino libre a él y a su «inmenso amor» por ella.
3.4K viewsCompletedAdded to Library 111 Times as el topo con guantes de seda
Read
+Library
Una Bala por su Verdadero Amor

Una Bala por su Verdadero Amor

Yo solo era una estudiante que no podía pagar la colegiatura. Durante cinco años, también fui la amante secreta del jefe de la mafia Dante Costello. Públicamente, era su restauradora de arte personal. En privado, pasaba las noches haciéndome suya, abrazándome fuerte y besándome hasta dejarme sin aliento. Entonces su familia arregló su compromiso. Con Isabella Rossi. Una princesa de una familia rival. En su fiesta de compromiso, Isabella me clavó un fragmento de cristal roto en el dorso de la mano. Me obligó a disculparme. Con ella. Por haber hecho una escena. Conteniendo las lágrimas, incliné la cabeza ante Isabella. Cuando ella perdió una apuesta y tuvo que jugar a la ruleta rusa; una bala, seis recámaras, él me obligó a tomar su lugar. Me temblaba la mano mientras me apuntaba con la pistola a la cabeza. —Una vez me salvaste la vida —le dije—. Ahora te la devuelvo. En el momento en que desaparecí de su mundo, el despiadado jefe de la mafia que lo tenía todo bajo control... perdió la cabeza.
3.4K viewsCompletedAdded to Library 84 Times as el topo con guantes de seda
Read
+Library
Atrayendo a la clandestinidad

Atrayendo a la clandestinidad

—Puedo cuidarme sola —solté con frustración.Sus ojos oscuros me miraron divertidos mientras me agarraba del cuello.—Apuesto a que puedes. Sabes... esa actitud fogosa tuya es encantadora.********Heredar un bar era una aventura a la que Raven no podía resistirse. El único problema que no esperaba era heredar la deuda que venía con él. Luchando por sobrevivir, encuentra una oportunidad financiera en Adriano, el líder de la mafia local, y cae en una espiral de seducción y violencia para conseguir lo que más desea.Detrás de cada puerta cerrada se abre otra, y el salvaje viaje de ira, posesión y romance erótico la lleva a lugares con los que sólo podía soñar.¿Sobrevivirá al peligro que acecha en las sombras o caerá presa de él?"ADVERTENCIA DE CONTENIDO (CW): Esta historia puede incluir escenas o representaciones de violencia y placer sexual intenso. Sólo para adultos."Atrayendo a la clandestinidad" ha sido creada por Scarlett Rossi, autora de eGlobal Creative Publishing.
7.2K viewsCompletedAdded to Library 258 Times as el topo con guantes de seda
Read
+Library
Antídoto

Antídoto

El chico que me gustaba en secreto y su padre fueron envenenados con afrodisíaco. Por lo que, sin dudarlo, me desvestí para ayudar a su padre a eliminar el veneno. En mi vida pasada, fui obligada a convertirme en el antídoto del chico, dándole un hijo. Pero él nunca regresaba a casa, guardando su «pureza» para su amada inalcanzable. En el quinto año de matrimonio, me descuartizó junto a nuestro hijo y enterró nuestros restos en el jardín de granadas de su amada, como fertilizante. Él estaba convencido de que yo, con malas intenciones, había preparado el afrodisíaco para pasar una noche con él, arruinando su oportunidad de estar con su verdadero amor, quien finalmente se suicidó lejos de casa. Al despertar, descubrí que había vuelto al momento en que habían sido envenenados y, esta vez, elegí convertirme en su… ¡madrastra!
12.4K viewsCompletedAdded to Library 446 Times as el topo con guantes de seda
Read
+Library
Como Patas Para Chocolate

Como Patas Para Chocolate

—Señor, ¿todavía tiene pepinos en su casa? Présteme uno... Un huracán se acercaba y la mejor amiga de mi hija se quedó atrapada en mi casa. Por la noche, vino a buscarme con las mejillas encendidas para pedirme un pepino, y me dijo: —Es que tengo un poco de hambre. Quiero comer un pepino para entretenerme. Al ver las dos puntitas que se le marcaban bajo el camisón, se me encendió la sangre y le dije: —Este señor tiene algo más sabroso que un pepino.
1.1K viewsCompletedAdded to Library 42 Times as el topo con guantes de seda
Read
+Library
Al Volante

Al Volante

—Instructor, por favor, deténgase. Vine aquí a aprender a conducir, no a tener una aventura. Dentro del coche del instructor, como seguía sin poder controlar el embrague, el instructor Reeves, quien era amigo de mi esposo, hizo que me sentara en su regazo para enseñarme mejor la técnica. El problema era que ese día yo llevaba una falda corta, y debajo ni siquiera llevaba pantalones cortos de seguridad. Peor aún, en un momento determinado, él sacó algo de sus pantalones y lo presionó directamente contra mí.
3.1K viewsCompletedAdded to Library 77 Times as el topo con guantes de seda
Read
+Library
Mi Esposo Se Rompió Las Piernas Por Su Amante

Mi Esposo Se Rompió Las Piernas Por Su Amante

Mi esposo, Alejandro Ruiz, cayó del tercer piso, no solo se rompió las dos piernas, sino que también se lastimó en su parte íntima. Y yo, lejos de preocuparme, lo llevé al hospital más alejado. Todo se remontaba a mi vida anterior: Alejandro se había lastimado a propósito con tal de que su amiga de la infancia, Sofía López, quien realizaba sus prácticas en el hospital, pudiera acumular suficiente experiencia práctica y consolidar su puesto. Para lograrlo, eligió lanzarse desde el tercer piso. Luego, deliberadamente evitó el hospital más cercano y me obligó a conducir tres mil kilómetros para que Sofía lo atendiera. Al considerar que ella solo era una estudiante que había entrado al hospital por contactos y no tenía las credenciales para operar, rechacé su propuesta. Pero él me abofeteó con fuerza y dijo: —¡Solo quiero usar mis heridas para ayudarla! ¿Acaso no tienes ni un poco de empatía? Ante su terquedad, temí que el retraso arruinara sus piernas para siempre. Llamé a su madre para convencerlo. Sin embargo, Sofía, al no obtener el puesto, avergonzada y llena de rabia, se suicidó saltando en el hospital. Alejandro, gracias a la atención oportuna, salvó sus piernas. Pero el día del alta, cuando fui a recogerlo con alegría, él me atropelló con el auto, matándome en el acto. Antes de morir, le cuestioné con rabia, pero él me miró con desdén: —Si no hubieras impedido que ayudara a Sofía, ¡ella no habría muerto! Al abrir los ojos de nuevo, me encontré de vuelta en el día en que mi esposo se rompió las piernas.
4.7K viewsCompletedAdded to Library 184 Times as el topo con guantes de seda
Read
+Library
Secreto Ciclista En La Montaña

Secreto Ciclista En La Montaña

Tengo dos genitales masculinos. El doctor me dijo que mi caso era rarísimo, una enfermedad incurable. Tampoco es que sea tan grave; ahí abajo tengo algo diferente a los demás y es bastante salvaje. Pero a mí eso me arruinó la vida. Cada vez que llevaba a una mujer a casa, en cuanto me bajaba los pantalones y ella veía los dos mienbros, salía corriendo, muerta de miedo. Mi amigo, Darío, sabía lo desesperado que estaba y me invitó a unirme a un club de ciclismo. Al principio no le di importancia. ¿Qué tiene de divertido estar en bicicleta? Pero él me dijo: —No subestimes este club; está lleno de mujeres. Cuando subamos a la montaña de noche y esté tan oscuro que no se vea nada, ahí aprovechas para cogértelas. Las dejas bien contentas; te garantizo que no se van a resistir, y ya con eso la vida va a ser una maravilla, ¿no? Me ganó la calentura y acepté ahí mismo.
4.6K viewsCompletedAdded to Library 100 Times as el topo con guantes de seda
Read
+Library
Parto Infernal

Parto Infernal

Las contracciones me estaban matando. Se me oscurecía la vista. Mi esposo, Don Vittorio Falcone, el hombre que gobernaba Chicago, me apretó la mano. Sus ojos oscuros ardían de amor. —Solo un poco más, mi amor. Pronto conocerás a nuestro bebé. El sudor me corría por la cara. Aun así, encontré fuerzas para sonreírle. Entonces entró una enfermera. Traía una jeringa. Creí que era para calmarme el dolor. Pero Vittorio me soltó la mano. Dio un solo paso atrás. La aguja se me hundió en el brazo. Vittorio habló con frialdad de acero. —Dosifíquela con cuidado. Que aguante hasta la medianoche. Ni un minuto antes. Solo después de que Ornella dé a luz. Entonces lo entendí. Creía que me había casado con él por dinero. Estaba deteniendo mi trabajo de parto. Todo por una regla enferma de la familia Falcone: el primer hijo varón que naciera sería el siguiente heredero. El dolor me atravesó. Estiré la mano hacia él. Las lágrimas me corrían por la cara. Le rogué que se detuviera. Se mordió el labio. Habló con frialdad. —Mi hermano murió. Ornella lleva en el vientre a su único heredero. Harás lo que se te ordene. Tú y tu bebé no le quitarán su derecho como heredero. El fármaco me corrió por las venas. La presión violenta en mi vientre, como una mano invisible, se detuvo.
1.2K viewsCompletedAdded to Library 46 Times as el topo con guantes de seda
Read
+Library
Mi Hermano Se Arrepiente Tras Mi Muerte

Mi Hermano Se Arrepiente Tras Mi Muerte

Cuando me apuñalaron, luché con todas mis fuerzas para llamar a mi hermano. Solo cuando mi conciencia comenzaba a desvanecerse, él respondió, con un tono de evidente fastidio. —¿Qué quieres esta vez? —Hermano, ayuda... No pude terminar la frase. Me interrumpió bruscamente. —¿Por qué siempre tienes problemas? A finales de mes es la ceremonia de graduación de Luna. Si no vienes, ¡te juro que te mataré! Dicho esto, colgó el teléfono sin dudar. No pude soportar el dolor. Cerré los ojos para siempre, con lágrimas aun corriendo por mi rostro. “Hermano, no tendrás que matarme. Ya estoy muerta.”
2.9K viewsCompletedAdded to Library 63 Times as el topo con guantes de seda
Read
+Library
PREV
1
...
4344454647
...
50
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status