Una Familia no Convencional
—Pero esa no era la manera, idiota… no lo era —se dice a sí mismo, tratando de respirar, pero el aire quema.
Unas horas después, cuando el doctor Bean llega con los hombres y sin ella, siente que el mundo abre un hueco bajo sus pies y se lo va tragando poco a poco, demasiado lento para el crimen tan atroz que ha cometido.
El doctor se para frente a su escritorio y con la misma tranquilidad de siempre, le dice.
—Ya está hecho, señor. Nos deshicimos del feto y a ella la dejamos muy lejos de la ciudad, en un lugar en donde nadie la encontrará y difícilmente ella podrá buscar ayuda.