La Perversa Obsesión de Adán
Rashell levantó la vista, sosteniéndome la mirada sin parpadear, dispuesta a tocar exactamente donde sabía que más me dolía.
—¿Te duele tanto que te trate como a basura, Adán? —soltó con una sonrisa cínica, clavando la estaca sin piedad—. Te crees el gran dueño del mundo, pero esa mujer te desprecia. Y lo peor de todo es que sabes perfectamente que tiene razón. Jamás te va a perdonar lo que le hiciste, porque en el fondo de tu maldita alma sabes que tienes las manos tan sucias como el día en que la usaste para tu venganza.