Sombras del asfalto: La obsesión del CEO desterrado
—rugió Dorian, tirando de nosotras como si fuéramos dos maletas.
Mi novio, Dorian Vask, veintiséis años, CEO de Vask Automotive, la empresa que había devorado a tres competidoras en dos años. Campeón absoluto de la Serie Meridian tres temporadas seguidas.
El tipo que salía en portadas de revistas financieras con el traje desabrochado y en portadas de revistas de motor con el mono de carreras manchado de grasa. Y aquí estaba, en un circuito clandestino en la zona industrial de Valdoria, arrastrándome a mí, Zaira Olen, de veintitrés años, estudiante becada de literatura, hacia una carrera ilegal.