Casada por mi libertad
—Si anhelas libertad, puedes tenerla, pero con una condición —le puso una mano en el hombro —cásate, Elizabeth, tienes que casarte, y así podrás tener la libertad que deseas.
Si en algo es experto Enzo, es en el arte de manipular, y una chica tan ingenua como Elizabeth, podría creerle fácilmente.
—¿Y si no quiero?.
La frase tan despreocupada de Elizabeth, sorprendió al hombre, al tan punto que ya no podía ocultar la mirada de desprecio.
—No tienes esa posibilidad, debes hacerlo, es por tu bien.
Para no decir que para el bien de la familia. Era como un sacrificio, le entregan a la ilegítima, y toman una buena recompensa, solo es carne inservible para vender.