EL PERFUME DE LA ENMASCARADA
Rowan me besó la frente, despacio, con toda la ternura de más de diez años de amor elegido cada día.
—Porque el fuego, como el amor, Vanesa, siempre depende de para qué se use. Puede destruir, o puede liberar. Nosotros elegimos, cada día, que el nuestro liberara.
Toda historia de amor verdadero atraviesa su propio fuego. El que consume las máscaras, los miedos heredados, los contratos que un día creímos necesarios para sobrevivir. Lo que arde no siempre se pierde; a veces, simplemente deja de pesar. Vanesa no encontró la libertad en escapar de aquel crucero, sino en aprender, años después, que el amor que se elige —día tras día, herida tras herida, cicatriz tras cicatriz— no necesita ningún