El Precio de la LEALTAD
—Y tú para las cadenas —contestó ella, girando apenas la cabeza hacia él —Pero recuerda lo que te dije: mi cuerpo podrás tenerlo, mi corazón no.
Luigi rió por lo bajo, una carcajada seca.
—Perfecto. No me interesa tu corazón. Tengo suficiente con el mio roto.
Valeria lo miró un instante, sorprendida por la crudeza. Pero antes de que pudiera responder, Franco se levantó de su sitio, levantando la copa en el aire.
—¡Por la unión de Luigi Mattos y Valeria Paz! —anunció con voz firme, proyectada para todos —Hoy aseguramos que el norte siga en las manos correctas.