La Esposa Que No Amo: Una madre para mi hijo
No lo sé, pero mi pulso se acelera.
No pienso, solo actúo. Abro la despensa, saco harina, tomates secos, especias. Mis manos vuelan, amasando masa para una focaccia, reduciendo una salsa de vino tinto, salteando camarones con ajo y guindilla. Es como si alguien más estuviera cocinando, alguien que sabe quién es. La adrenalina me inunda, mi respiración rápida, el sudor goteándome por la frente. No es solo una receta, son todas. Cada plato de la carta que Nico jura que creé. Ravioles rellenos de ricota y espinaca, ossobuco con gremolata, tiramisú con café amargo. La cocina se llena, encimeras cubiertas de platos, el aire denso con aromas que me hacen cerrar los ojos y respirar hondo. Es increí