LA SEDUCTORA
Retoco mi maquillaje, y añado ya brillo labial que antes no tenía, me calzo mis zapatos de tacón alto, esparzo perfume en algunos puntos claves de mi cuerpo y bajo a cenar.
Pensé que estaría sola, pero no es así, El Maestro, está en la amplia sala, con una copa de vino tinto en sus manos.
-Buenas noches, Maestro- le saludo.
Se gira hacia mí y me mira con esos intensos ojos verdes, me recorre con una mirada turbada y extrañamente me siento desnuda. Está recordando mi encuentro con Martín, lo sé porque el verde de su mirada, se ha oscurecido.