Mesa para tres
Esperé las reacciones en los músculos de sus rostros.
No reaccionaron y mi sonrisa nerviosa se transformó, en solo unos segundos, en un gesto de absoluta preocupación. Me mordí los labios y sentí que las lágrimas se empezaban a juntar en mis ojos. Había sido una estúpida por aceptar ese reto. Cómo podía esperar una buena crítica, al menos una compasiva, después de que estas personas habían probado algo preparado por Teressa Bianchi, la joven promesa de la cocina estadounidense -según la revista Food & Wine-, amiga de mi jefa y chef del restaurante de Las Bahamas, que desde sus doce años competía en certámenes culinarios, que, a esa misma edad, ya asistía a clases con el chef Massimo Bottura,