Promesa rota, corazón renacido
Como la única hija de Carlos Navarro, el rey de las apuestas, mi vida desde siempre estuvo marcada por la sombra del caos y el peligro.
Desde que era pequeña, mi papá me rodeó de nueve guardaespaldas leales para protegerme, listos para sacrificarse por mí.
Ya de adulta, él me hizo una petición: que eligiera a uno de ellos como mi prometido.
Pero tomé una decisión muy clara: alejé de mi lado a Alberto Oliveira, el único hombre que realmente había ocupado mi corazón por tanto tiempo.
Lo hice por esto: en mi otra vida, justo el día de la ceremonia de compromiso, unos enemigos me secuestraron.
Mientras me estaban clavando agujas envenenadas en las manos, temblando del dolor más terrible, llamé