Los Dedos Milagrosos del Doctor Vidal
Confundida, murmuré:
—¿Qué tan íntimo?
Christian seguía indiferente, pero lo que decía era inapropiado.
—Por ejemplo, besos, caricias y también…
Entendí la insinuación y empecé a dudar. El tratamiento podría curarme, sí. Pero someterme a ese tratamiento, ¿no era traicionar a Gonzalo?
Al ver que no respondía, Christian bajó la mirada, evidentemente disgustado.
—Le doy mi palabra de que, si sale hoy por esa puerta, nadie más podrá curarla. No ponga en duda mis habilidades como médico.