Mi venganza estalla: ¡Ojo por ojo!
La discípula de mi esposo, Camila, alardeaba de su técnica de desactivar bombas con los ojos cerrados, guiándose solo por la intuición.
El resultado fue un error de juicio que activó el sistema de detonación de respaldo de la bomba.
Yo tuve que intervenir de emergencia, usando el peligrosísimo método de condensación con nitrógeno líquido para salvar todo el edificio.
A Camila la apartaron de la primera línea y, además, la suspendieron.
Mi esposo, Sergio, quiso hablar en su defensa, pero yo me interpuse resueltamente:
—Si la defiendes ahora, no la salvarás y te hundirá con ella. Hasta a ti te suspenderán.
Abrumada por la presión, Camila terminó con su vida provocando una explosión.
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