MARÍA
No mucho, ¿verdad?
—¿Qué estás pensando, Meredith? —preguntó Santiago dejando de tararear una melodía que le había estado haciendo fondo a mis pensamientos, volviendo a acariciar mi cabeza.
—Me llamo María —refunfuñé—, a ver, repite conmigo: Ma-rí-a, MA-RI-A ¡Dilo!
—Se cómo te llamas, tonta —aseguró en un tono de burla—, pero me gusta cuando te enojas.