Todavía Eres Mía
Demuestra que no eres mía: aléjate, empújame, sal de aquí.
Qué fácil es decirlo. No puedo hacerlo. Mis manos, que deberían estar apartándola, suben instintivamente hacia sus hombros, aferrándose a la tela de su vestido. Mi cabeza se inclina hacia atrás, mi boca se abre en una invitación muda que ya no puedo contener. Estoy derrotada, y lo peor es que deseo con todas mis fuerzas esta derrota.
Amy emite un sonido gutural, una mezcla de triunfo y deseo salvaje. Y entonces ocurre.