UNA NOCHE CON MI CEO PROFESOR
Y eso, Alina, es lo más real que me ha pasado en años.
Sin darle tiempo a replicar, Ronan la tomó por la cintura. Fue un beso distinto al de la fiesta; ya no había público, no había cámaras, ni reputaciones que cuidar. Fue un choque de necesidades reprimidas. La aventura de una noche que ambos habían intentado evitar se volvió inevitable. En ese arrebato de emoción, Alina se dejó llevar, olvidando por unas horas que, al salir de ese apartamento, volvería a ser la chica del barrio humilde y él seguiría siendo el heredero cínico. Fue una noche explosiva, una mezcla de pasión y de ese miedo que surge cuando sabes que te estás metiendo en un problema del que no saldrás ilesa.