UNA NOCHE CON MI ESPOSO
Que sean muy felices y muy lejos, ojalá en otro continente.
Ese brindis sí lo acompaño. Chocamos los vasos, bebemos, y por un momento, en ese salón a media luz, con los dos molidos y sin fuerzas ni para seguir odiándonos, hay una tregua distinta a la de las velas, porque esta no la va a interrumpir ningún apagón ni ningún recuerdo. Somos solo nosotros, magullados, empatados por una noche de m****a compartida.