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Mi Esposo Defendió a la Asesina de Mi Suegra

Mi Esposo Defendió a la Asesina de Mi Suegra

Mi suegra tuvo un accidente de tránsito y fue llevada al hospital. Llamé más de veinte veces a mi esposo, Samuel López, que era abogado, pero solo conseguí que me respondiera en la última. —¿Qué cuento te estás inventando ahora? Sandra está en problemas y tengo que ayudarla. Deja de hacer berrinches. Apenada por sus palabras, le informé de la situación de su mamá y le pedí que me transfiriera diez mil dólares para pagar los gastos médicos. No obstante, engañado por su primer amor, Sandra López, simplemente se redujo a botarme palabras impacientes: —El accidente de tráfico que sufrió tu mamá no tiene nada que ver conmigo. No trates de usar mi dinero para ayudar a tu familia y déjame en paz. Estoy muy ocupado ahora. Dicho esto, colgó la llamada sin esperar a mi respuesta. Entre tanto, habían anunciado el fallecimiento de su madre, tras un intento fallido de reanimación. Tres días después, volví a verlo en la audiencia: estaba defendiendo con entusiasmo a su primer amor, quien se encontraba en el banquillo por conducir ebria. Gracias a sus excelentes habilidades como abogado, Sandra fue declarada inocente, basándose en la falta de pruebas. Muy decepcionada, le propuse el divorcio al terminar la audiencia. Pero él se puso nervioso: —Mi mamá es tan buena contigo. Si te divorcias, ¡se va a poner muy triste! Le sonreí con indiferencia y luego le aventé contra la cara las facturas de los gastos médicos y el certificado de defunción. Qué estúpido era este tipo. Aún no sabía que su madre había fallecido.
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Doce años después, su canario se fue volando

Doce años después, su canario se fue volando

La noche antes de que mi prometido, Soren, y yo partiéramos hacia el Norte de Europa para comenzar nuestra nueva vida, los sonidos de una animada discusión se filtraron desde su club privado. —Dios mío, jefe, ¿estás loco? ¿Por qué esta alianza matrimonial repentina con la familia Rosetti para hacer una jugada por Italia? ¿No dijiste que dejarías esta vida con Abby y te dirigirías al norte? Soren se reclinó en un sofá de cuero, su voz fue de indiferencia y amortiguada por una nube de humo. —Los planes cambian. Además, recuerda, yo soy el que la hizo quien es. Una vez que vea el nuevo imperio que estoy construyendo, ese pequeño canario volverá volando a mi jaula. Esa mujer no puede vivir sin mí. Me quedé en las sombras del club, con una copa de vino en la mano, y un dolor fuerte floreciendo en mi pecho. El regalo de aniversario que había elegido con tanto cuidado para Soren todavía estaba en mi bolso, esperando a que se lo diera. Salí del club lleno de humo, tiré el regalo al cubo de basura más cercano y reservé un billete de ida al Norte de Europa. Pero lo que él no sabía era que, justo como él podía traicionar nuestro futuro por Mónica, yo podía abandonarlo por el mío. Todos esos años que pasamos bailando con la muerte nunca fueron sólo por ella.
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Esposa de un Don, Sombra de su Pasado

Esposa de un Don, Sombra de su Pasado

Una noche, muy tarde, un hilo explotó y llegó a la portada de un famoso foro en lo más profundo del inframundo de Nueva York. El autor de la publicación había rescatado una vieja consigna: «Nombra tres palabras que resuman tu juventud». Entonces, una cuenta que llevaba años inactiva apareció en las respuestas. Su avatar era la silueta a contraluz de una chica con vestido blanco, y su nombre de usuario era: Seraphina. Era Seraphina Rossi, la heredera de la familia Rossi, la reina indiscutible del inframundo de Nueva York. Vibrante. Apasionada. Y Rico Valentino. El heredero indomable de los Valentino y la deslumbrante heredera de los Rossi se habían amado con intensidad alguna vez, solo para que todo terminara en un amargo arrepentimiento. Casi todos en el bajo mundo de Nueva York habían visto cómo se desarrollaba aquella ruptura. Yo incluida. Giré la cabeza y miré al hombre que dormía a mi lado. Ese era el hombre junto a mí: el chico imprudente que una vez había dominado las calles de Queens con los puños desnudos, ahora convertido en el Don de la familia Valentino. Sereno. Inquebrantable. Y no me amaba. Siempre supe que Rico seguía en contacto con Seraphina. Que se había reunido con ella en secreto más de una vez. Por eso se había negado a hacer público nuestro matrimonio. Su excusa siempre era la misma: —Mantener tu identidad fuera del radar evita que nuestros enemigos te conviertan en un blanco. Pero yo sabía que era yo quien estaba entre Rico y la mujer a la que él nunca había dejado de amar. Si los tres íbamos a seguir lastimándonos así, prefería irme y dejarlos estar juntos. Ya había tomado una decisión: me divorciaría de Rico.
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Mi ex novia, su esposa, mi amante

Mi ex novia, su esposa, mi amante

De la nada, mi novia me soltó que se había hecho un retoque íntimo y que también se había tatuado. Con las mejillas ardiendo, me juró que lo había hecho solo para que yo disfrutara más. Al día siguiente, preparé un caldito casero y fui a su oficina para darle una sorpresa, pero el golpe me lo llevé yo: estaba ahí, muy acaramelada en brazos de Lucas, mi mejor amigo. Lucas le recorría la cintura con la mano y decía con voz ronca: —Qué sumisa me saliste. Te pedí el tatuaje y el retoque y fuiste corriendo a hacértelo. Mi tonto amigo cree que fue para él... ¡qué idiota! Si supiera que te vas a casar conmigo, se caería muerto ahí mismo. Su voz se tornó gélida al responder: —Lo nuestro es solo un matrimonio por conveniencia. Te lo advierto: ni se te ocurra que Marcos se entere de esto, ¿me oyes? Lucas soltó una risita cínica mientras recorría su cuerpo con la mano, bajándola lentamente. —Tranquila, preciosa. Mientras me tengas bien contento, no le buscaré broncas a ese pobre diablo. Detrás de la puerta, sentí cómo se me congelaba la sangre. Apreté el celular con rabia, mientras las palabras de mi jefe sobre la opción de un traslado me daban vueltas en la cabeza. Sin dudarlo más, le envié un mensaje: "Jefe, acepto el puesto. Solicito mi traslado a la sede de Marla para dentro de tres días."
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Cenizas de su engaño, ecos de mi verdad

Cenizas de su engaño, ecos de mi verdad

En mi vida anterior, Enzo Saletta me salvó del incendio y Chiara Bellini murió en mi lugar. Durante meses, él me cuidó como un esposo devoto, custodiando la puerta de mi habitación en el hospital, comprando regalos para nuestro hijo no nacido… Incluso, me dijo que nada de aquello había sido mi culpa. Y yo le creí… Hasta la noche después de dar a luz. Nuestro hijo dormía a mi lado y yo estaba demasiado débil para moverme, todavía adolorida por el parto, pero, durante un breve instante, creí que estábamos a salvo. Entonces olí el humo y, cuando intenté huir, comprobé, para mi pesar que… ¡la puerta no se abría! Al otro lado de la puerta cerrada con llave, oí la voz de Enzo: —Me arrebataste a Chiara. Ahora arde con tu hijo. Grité su nombre hasta que la garganta me sangró. Pero ni él ni nadie abrió la puerta, por lo que, sin poder hacer nada para evitarlo, las llamas nos devoraron a mi hijo recién nacido y a mí. Cuando volví a abrir los ojos, estaba otra vez dentro de aquel almacén en llamas, con cinco meses de embarazo, sintiendo cómo el humo impregnaba mis pulmones. Chiara seguía viva. Y, con eso presente… decidí que esa vez no llamaría a Enzo. Por el contrario, esperé hasta que él llegó y lo vi cargar primero con Chiara para sacarla de allí. Luego me arrastré sola entre el fuego, sangrando por un hijo al que él jamás tendría oportunidad de matar. Todos creyeron que yo había provocado el incendio. Todos me etiquetaron de celosa, cruel… demente. Pero habían olvidado algo. Antes de convertirme en la esposa de Enzo Saletta, yo era la mujer que ayudó a construir el sistema de seguridad de la familia Carmine. Chiara borró la grabación principal, pero no la mía.
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Muerta para Él, Libre para Mí

Muerta para Él, Libre para Mí

Cuando descubrí que estaba embarazada, Miguel Michaus gastó una fortuna en contratar a un médico de renombre para que me prescribiera medicamentos para proteger al bebé. Él, que jamás fue creyente, se arrodilló en una iglesia durante horas, rogando que yo pudiera dar a luz sana y salva. —Amor, has sufrido mucho. Cuando nazca el bebé, te lo voy a compensar como te lo mereces. Ese mismo día, por accidente, contesté una llamada en su lugar. —Señor Michaus, tal como indicó, a los medicamentos de la señora ya se les añadió el fármaco esterilizante. Cuando llegue el momento, el bebé nacerá sin vida. En cambio, el hijo de la señorita López está perfectamente sano; nacerá sin complicaciones y se convertirá en el heredero del Grupo Michaus. La señora Santerbás no notará nada, ni se dará cuenta; no se verá afectada su relación con usted. Esté tranquilo. Bajé la mirada hacia mi vientre abultado. Jamás imaginé que su amor fuera tan falso. Así que ya no tenía nada que me retuviera. Firmé los papeles del divorcio y elegí marcharme.
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Un Vampiro Sin Invitación

Un Vampiro Sin Invitación

Mi padre siempre estuvo en contra de mi matrimonio con Ryan Kane, un vampiro de linaje noble. Creía que como humana, yo no tenía lugar en el mundo vampírico. Me advirtió que si Ryan llegaba a cambiar de opinión, sin su protección, mi vástago medio-sangre y yo no seríamos más que bolsas de sangre andantes a los ojos de los vampiros. Pero yo creía en Ryan, y en nuestro amor. Mi esposo siempre fue tierno y atento. Incluso desafió a todos para hacerme a mí, una humana, su novia vampírica. Eso fue antes de que la exprometida humana de Ryan regresara al país tras la ruptura de su compromiso, en busca de su ayuda. Fui al hospital sola. Mientras me enteraba de que mi embarazo era de alto riesgo, Ryan estaba en la consulta prenatal de ella, presentándola ante el doctor como su esposa. Lo único que tuvo para mí fue una frase fría: —Sigue presionándome y voy a pedir el divorcio. Presioné la mano contra mi vientre y marqué un número al que no había llamado en años. —Papá, tenías razón... Quiero el divorcio. Dos semanas. Eso era todo lo que necesitaba para desaparecer de su vida. Pero después, ese mismo vampiro que me había desechado como si yo no fuera nada apareció en mi boda con otro hombre, temblando de pies a cabeza. Me llamó por mi nombre con la voz quebrada.
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La boda que nunca fue mía​

La boda que nunca fue mía​

El crucero tuvo un accidente, pero solo quedaba un lugar en el bote salvavidas. Los tres sorteamos, y me tocó a mí, pero quise cederle la oportunidad de vivir a Ezequiel. Mientras forcejeábamos, su amiga de la infancia se adelantó y subió de un salto. Pensé que nuestras vidas terminarían allí, pero, inesperadamente, el equipo de rescate llegó a tiempo y nos sacó de la inmensidad del mar profundo. Después de esto, Ezequiel y yo nos casamos. Pero nunca imaginé que, el día de nuestra boda, su amiga de la infancia regresaría a aquella misma área marítima y se lanzaría al vacío. Al enterarse de su muerte, Ezequiel se llenó de un dolor inmenso y luego echó toda la culpa sobre mí. ​Me encerró en el sótano cuando estaba embarazada, haciendo mi vida peor que la muerte. El día del parto, tuve una hemorragia masiva. Él le dijo al doctor que priorizara al bebé, abandonando mi vida sin dudar. A mi única hija que quedó le puso por nombre "Ana", y el nombre de su amiga de la infancia, fue "Anabel". Al final, morí llena de resentimiento. Cuando revivía, había vuelto al día después del accidente del crucero, cuando él me pidió matrimonio. Al ver a él tomando mi mano como en la vida pasada, diciendo que estaba dispuesto a satisfacer cualquier petición mía, retiré mi mano con tranquilidad. —Ezequiel, terminemos.
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Cuando me tuviste, no me viste

Cuando me tuviste, no me viste

Dos semanas antes de la boda, Nelson decidió posponerla una vez más. —Ivana inaugura su primera exposición de arte ese día —me dijo—. Estará sola y nerviosa. Tengo que estar ahí para apoyarla. Al final, tú y yo ya estamos juntos, ¿qué más da casarnos un día antes o después? Pero ya era la tercera vez que aplazaba nuestra boda por aquella mujer. La primera, Ivana acababa de operarse y sentía nostalgia de la comida de su tierra, por lo que Nelson no dudó en viajar al extranjero y quedarse con ella durante dos meses. La segunda, Ivana decidió irse al bosque en busca de inspiración para pintar y él, preocupado por su seguridad, fue tras ella. Esta era la tercera. Colgué la llamada y miré a César, mi amigo de toda la vida, quien se encontraba sentado frente a mí, relajado, jugando con su bastón de esmeralda, cuyo golpeteo en el piso de mármol rompía el silencio entre nosotros. —¿Todavía necesitas esposa? —le pregunté, sonriendo con picardía. El día de mi boda, Ivana sonreía radiante, copa en mano, esperando el brindis del hombre a su lado. Pero él, con los ojos rojos, observaba en silencio la transmisión en vivo de la boda del heredero del Grupo Santos, el imperio inmobiliario más grande del país.
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Me ignoró 304 veces: me divorcié

Me ignoró 304 veces: me divorcié

Le rogué a mi esposo trescientas cuatro veces que me acompañara. Finalmente aceptó venir conmigo para cumplir el último deseo de mi padre, caminar junto al mar antes de despedirse de este mundo. Pero mientras yo esperaba en la orilla, sentada junto a la silla de ruedas, la temperatura del cuerpo de mi padre se iba apagando poco a poco… y Javier nunca apareció. Ese mismo día, Renata publicó una foto en sus redes sociales. Él estaba con ella, mirando las nubes en la pradera, como si nada más existiera. —Lejos del mundo, mientras estés tú. Sin querer, le di me gusta… y enseguida él me escribió para reclamarme. —¿Cuántas veces tengo que decirte que no molestes a Renata? Si no sabes controlarte, entonces divorciémonos. No recuerdo cuántas veces había usado el divorcio para amenazarme. Solo sé que esa vez… me cansé de escucharlo. Mi padre murió sin verlo llegar. Y yo, por primera vez en ocho años de matrimonio, dejé de insistir. —Está bien —respondí—. Divorciémonos.
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