DE EMPERATRIZ A PRIMERA DAMA
Alexandra, con espada al cinto, se sentía viva, el pulso acelerado por la tensión, el miedo mezclado con determinación.
La batalla principal estalló en el valle, un campo amplio con hierba pisoteada y un río seco en el medio. Eros cargó con sus mercenarios, catapultas lanzando bolas de fuego que incendiaban el terreno, humo negro cubriendo el cielo. Los soldados de Lumeria, comandados por Alexandra, se enfrentaron en una línea frontal, espadas chocando contra escudos, el sonido metálico resonando como truenos. La lucha era brutal, física: hombres gruñendo, sangre salpicando rostros, cuerpos cayendo con heridas abiertas. Eros peleaba como un animal, su espada cortando gargantas, su rostro man