Espinas y Rosas
Incluso desde donde estoy al otro lado de la mesa, puedo ver cómo sus uñas perforan la carne de su palma, sacando sangre, lo que hace que me ría en su cara.
—¡Basta! —exclama Callum, O'brien, irritado por nuestras payasadas—. Rizzo, dile a tu hijo que se guarde sus comentarios ingeniosos para sí mismo antes de que su boca haga que lo maten. ¡Y tú, Petrov! Como jefe, deberías saber que no debes ponerte nervioso tan fácilmente. Angelo aun es bastante joven como para que importenten sus palabras.
No es un gran comienzo para esta m*****a reunión del tratado de paz.