SEDUCIDA
Sus paredes se tensaron alrededor de la verga que la taladraba, sin darle ningún tipo de placer.
Una, dos, tres, cuatro embestidas…
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Un rugido de dolor surcó el cielo oscuro y lluvioso. Leviatán se tambaleó cuando el filo de la espada le atravesó la espalda. Llevaba horas luchando, pero sus contrincantes no eran principiantes y, además, conocían muy bien su estilo de lucha. Vencer rápidamente, nunca fue una m*****a opción.