La víctima del CEO
Sus movimientos eran lentos, profundos, Amaranta sentía estremecer su cuerpo del placer que sentía, Salvatore estaba en igual manera, ebrio de pasión por esa mujer, que escogió para castigar a la madre de ella y que ahora le daba el más dulce de los regalos, su primera vez.
Salvatore se entregó, al igual que Amaranta, las embestida eran despacio, fuerte y profundo. Ella salía a su encuentro, ese ritmo de caderas era uno solo, Salvatore besaba esos labios y ella respondía a ese beso ardiente que quemaban sus entrañas. El cuerpo de Amaranta se tensó, sintió sus piernas desfallecer al momento que una sensación nunca antes sentida invadió su ser.
Su vientre se contrajo y se corrió, Salvatore ace