Planos de Venganza
Amaba ver su trabajo plasmado, algo que su padre siempre le repetía:
—El orgullo del obrero es ver su obra crecer día a día.
—Voy a disfrutar mi obra —se prometió—. Voy a trabajar como siempre, con mis manos, con mi alma. Y Fabricio... tú vas a pagar.
Ese día, Fabricio brilló por su ausencia, al igual que Fátima Lombardi, su inseparable “muñeca de silicona”, como la llamaba Anahir con desprecio. Al principio, había pensado que Fátima solo era otra persona meticulosa y ambiciosa, pero ahora sabía la verdad: era su cómplice. Y también pagaría.