La Asistente Del Ceo
Rodeó el escritorio y llegó hasta mí, colocando sus manos en mi hombro, dando leves movimientos.
—No desesperes, amor, vamos a salir de este percance, ten fe, Dios no nos abandona —me dijo con su voz reconfortante—. Como dicen por ahí, Dios aprieta, pero no ahorca.
Sus palabras eran positivas y reconfortantes.
—No entiendo por qué lo rechazaron, presenté todo en orden, además no es la primera vez que obtenemos uno.
Pensé en volver al banco mañana a ver el motivo por qué fue cumplido y pagué al día.