Cuando la luna susurra mi nombre
Entre dolor y placer ya no distingues, y cuando despiertes no sabrás si lo viviste o lo soñaste.
La seducción se vuelve insoportable, y de pronto siento labios recorrer mi cuello, dientes apenas rozando, y un calor líquido expandiéndose en mí, un calor que me consume desde dentro. Mis cadenas laten con mi pulso, cada eslabón aprieta al compás de mi corazón, y yo me arqueo más, me entrego más, como si hundirme en ese dominio fuera lo único que pudiera darme alivio. Y cuando un beso invisible muerde mis labios, robándome el aliento, descubro que estoy gimiendo con un abandono que me espanta.
No quiero, me digo, no quiero, pero mi cuerpo me contradice con cada es