Una dulce venganza
Quizás la idea de venganza de verdad me había envenenado tanto la mente, que no me dejaba descansar hasta que cumplía con mi propósito.
Pero el trabajo no había terminado, ya no se trataba de una venganza, ahora debía continuar con mis planes para tener una vida tranquila junto al amor de mi vida, Roberto. Debía acabar con sus enemigos, los que restaban, Mauro y Giovanni.
El teléfono de la habitación sonó, me hizo sobresaltar y salir de mis cavilaciones. Fui rápidamente a contestar.
— Todo está listo para el funeral, te necesito conmigo. — Oí a Mauro al otro lado de la línea