CEO lascivo no te pertenezco: perder para amar
Aquella era una herida profunda, un golpe a su orgullo que solo su hermano gemelo, Donato, conocía a la perfección.
—Esto es una burla, Domenic —procedió a decir Malvina, arqueando una ceja con duda —. Ella no puede ser tu novia. Es una pueblerina... es que es... —Malvina bajó la vista de forma despectiva—. Es evidente que es una campesina muerta de hambre. No creo que tú, Domenic Villarreal, hayas caído tan bajo, cariño.