La Duquesa
Así que me he acercado para ayudarle, no querría Dios que sufriese alguna caída, un desastre arruinar ese bello rostro ‒extiende la mano.
- ¿Terminó caballero? ‒lo miro seria, él parece sorprendido‒, para empezar, no sé quien cojones le ha dicho a usted que soy una dama en apuros, segundo, nadie se acerco a ayudarme porque saben que soy muy capaz de montar mi propio caballo, uno que he tenido desde que era niña y por lo tanto, sé montar a la perfección ‒le sonrío con falsedad‒, así que si me disculpa, volveré a mi casa, que tenga buen día ‒con un rápido movimiento me subo al caballo, me giro y emprendo el camino de regreso a casa.
Ambrose: