Por el amor del millonario
Cuando las puertas se abrieron en la suite presidencial, Danna levantó una ceja, sabía que él era millonario, pero el nivel de opulencia en esa habitación, era un derroche garrafal.
La suite contaba con una terraza, allí estaba montada una mesa para dos, con velas y rosas, una botella de champagne se estaba enfriando y un hombre tocaba el violín magistralmente.
—¡Nocturno de Chopin! —Exclamó Danna, era su concierto favorito y en ese momento olvidó que Hanna no sabía nada de música.
—¿Te gusta la música clásica? Chopin es para mí, uno de los grandes genios, y Nocturno, es sin duda, una obra magistral, nostálgica y romántica por demás.