De Su Amor a Su Venganza
Sus ojos se enrojecieron, inyectados de sangre.
—En mi ausencia, una mujer ruin y descarada se aprovechó de su compasión. Se valió de esa compasión como de un chantaje moral para arrebatarme al hombre que me pertenece. —El temblor en sus manos se volvió rabia pura, y la silla de ruedas comenzó a avanzar lentamente hacia Inés—. Dime, si tú fueras yo, ¿cómo castigarías a una mujer así?
Inés no respondió. Solo podía sentir la tensión en el aire, espesa, vibrante. El brillo de locura en los ojos de Karla la hizo retroceder instintivamente; sus talones tocaron el borde del lago.