Me quedé pensando en las consecuencias que muestra «la película reciente» desde que terminó, y no puedo evitar decir que la venganza ahí tiene más peso dramático que justicia real.
El filme retrata a un protagonista que, tras una pérdida enorme, toma la determinación de ajustar cuentas por su cuenta: escenas crudas, decisiones que escalan y una ciudad que parece cómplice por su silencio. En esos pasajes la venganza funciona como catarsis para el personaje y para el público; nos hace vivir una descarga emocional inmediata y satisfactoria. Sin embargo, conforme avanza la trama se nota cómo las soluciones personales deshacen la posibilidad de una reparación verdadera y dejan heridas nuevas.
Al final, la película sugiere que la venganza no iguala a la justicia: no restaura lo que se perdió, no crea procesos ni reglas, y a menudo perpetúa violencia. Me fui del cine con el gusto amargo de haber disfrutado el espectáculo, pero con la sensación de que lo justo habría sido distinto, más lento y menos rentable narrativamente, pero más sostenible socialmente.