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Mga Maiikling Kuwento at Nobela Drama Familiar

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La Heredera Olvidada que lo Recuperó Todo - undefined nobela & mga-kwento
Karen W
Las drogas desaparecieron durante una de las transacciones de nuestra familia, y todos sabían que era culpa de mi media hermana, Emily. Actualmente, nuestros rivales exigían que les enviáramos a alguien para ellos mantenerlo cautivo hasta que se pagara la deuda, por lo que mi prometido y mi familia, estuvieron de acuerdo en que debía ser yo. —Emily ya se lastimó en la misión. Tú eres más fuerte, por tanto, puedes aguantar mientras encontramos una solución —dijo él. Yo sabía que aquel momento llegaría, así que firmé mi nombre. En cinco días, me iban a enviar lejos, por eso decidí que no importaba lo que pasara, si vivía o moría, ya había terminado con mi familia y mi prometido. En esos últimos días, di todo lo que tenía. ¿El casino? Para mi media hermana, que siempre lo había mirado con envidia. ¿Mi cuenta corriente? Para mi padre, que nunca perdía la oportunidad de recordarme lo inútil que era. ¿El anillo de compromiso? De vuelta a ese hombre que era tan falso. Ellos no notaron nada raro, solo sonrieron, contentos por lo atenta que había sido repentinamente. ¿Seguirían sonriendo así cuando se dieran cuenta de que me fui para siempre y de que su frágil Emily sería su perdición? ¿Seguirían estando tan contentos?
Cuando Morí, Mi Familia Enloqueció - undefined nobela & mga-kwento
Noemí Rivera
En mis diez vidas anteriores, había muerto de forma horrible porque nadie reparaba en mí. Así que, en esta, decidí dejar de luchar y limitarme a esperar la muerte. A los cinco años me secuestraron. Me acosté en el suelo, contuve la respiración y hasta me cubrí con una capa de cal. Los secuestradores creyeron que me habían matado y, aterrados, se entregaron de inmediato. Cuando la policía me encontró, estaba acostada en una camilla, junto a la entrada del anfiteatro. Le hice una seña al encargado de trasladar los cuerpos. —¿Podrías llevarme más rápido? Tengo que llegar a mi próxima reencarnación. A los diecisiete años, mis padres biológicos dieron conmigo. Antes de partir hacia la mansión familiar, me negué a ocupar un asiento y me metí en el maletero como si fuera lo más normal del mundo. Mi mamá se asomó y rompió a llorar. —Esta niña debe de haber sufrido muchísimo. ¿Cómo puede acostarse en un lugar así? Cerré los ojos y respondí con una voz sin vida: —No importa. Esta vida ya casi se acaba. Aquí hay poco espacio; es ideal para esperar la muerte. Mi papá golpeó el volante. —¡No digas tonterías! Ahora nosotros te protegeremos aunque el mundo se venga abajo. ¿Cómo vas a morirte? Sin embargo, apenas llegamos a casa y subimos al segundo piso, Brenda Chávez, la hija que habían criado en mi lugar, fingió resbalar y se abalanzó sobre mí.
El Don que negó a su propio hijo - undefined nobela & mga-kwento
Jazmín
Tras la muerte de su hermano Enzo, Nico me aseguró que no existía otra opción. La familia Varrone necesitaba un nuevo Don y la viuda que su hermano había dejado requería un hijo para asegurar el linaje de la organización. Nico cumplió con su deber y comenzó a compartir la cama con ella noche tras noche. Cada vez que él regresaba a mi lado, traía el aroma de esa mujer impregnado en la piel y las mismas mentiras piadosas en la boca. —Valentina, cuando ella dé a luz al heredero, les daré a ti y a Luca todo lo que se merecen —me repetía una y otra vez. Y esperé. Esperé pacientemente durante seis meses. Durante ese tiempo, vi cómo el hombre que amaba se convertía, en todos los sentidos, en el esposo de otra mujer. También vi a mi pequeño hijo quedarse dormido junto a la ventana, esperando a un padre que jamás regresaba a casa y que siempre encontraba la excusa perfecta para romper sus promesas. Hasta que el embarazo de Serena fue anunciado. Los Varrone celebraron como si hubiera ocurrido un milagro. La madre de Nico declaró con orgullo que el hijo de Serena sería el único y legítimo heredero de la organización, mientras que mi pequeño Luca sería presentado ante el mundo como un simple huérfano que había sido adoptado por caridad. —Nadie en la alta sociedad puede enterarse de que el Don tiene un hijo con una muerta de hambre —sentenció la matriarca con desprecio. En ese momento, la manita de mi hijo comenzó a temblar entre la mía. —Mamá... —susurró Luca, mirando a su padre con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Acaso yo no soy también hijo de papá? Nico escuchó, pero a pesar de ver el dolor en el rostro del niño, no hizo absolutamente nada; se limitó a tomar a Serena del brazo y a ignorar nuestra existencia. Fue en ese preciso instante donde dejé de esperar. Me quité el anillo de compromiso que él me había regalado siete años atrás y se lo entregué directamente a Serena. —Felicidades —le dije de frente—. Perteneces a esta familia mucho más que yo. Entonces tomé a Luca de la mano, guardé el secreto del segundo hijo que Nico aún no sabía que llevaba en mi vientre, y salí de la mansión Varrone por última vez. Todos en ese salón me miraron con lástima, pensando que era una mujer cualquiera, desamparada y sin un lugar a dónde ir. Lo que ellos no sabían... era que mi padre era el hombre más temido y poderoso de toda la mafia italiana. Y yo era su única heredera.
La hermana que desecharon - undefined nobela & mga-kwento
Mira
—Dominic, Julian, ¿adivinen qué deseo pedí? Sobre la mesa había un pastel barato que había comprado en oferta. Cerré los ojos y pedí un deseo. Cuando los abrí, las dos sillas frente a mí seguían vacías. Entonces lo recordé: mis hermanos ya no me querían. Cuando tenía diez años, Dominic y Julian trajeron a Leah Morgan a casa. Era la hija de su difunto mentor, el profesor Andrew Morgan, y me pidieron que la tratara como a una hermana de verdad. Pero, poco a poco, Leah me fue arrebatando todo el cariño que me tenían. La inseguridad se apoderó de mí y terminé volviéndome competitiva. Pensaba que, si me esforzaba lo suficiente, tal vez me querrían un poco más. En la final de un concurso de piano, Leah rompió a llorar después de perder contra mí. —Para mí, tocas mejor que Heather, ¡por mucho que ella se esfuerce! —la consoló Dominic. Obtuve el primer puesto en mi escuela y gané una beca, lo que dejó a Leah fuera de la lista de candidatos. Julian hasta obligó a la escuela a investigar si yo había hecho trampa. Durante la fiesta de mis dieciocho años, Leah cayó a la piscina desde el balcón del segundo piso. Luego me señaló y gritó: —¡Heather me empujó! Mis hermanos estaban furiosos. Sin mostrar la más mínima compasión, me dejaron tirada en la zona más peligrosa de la ciudad. —Te consentimos demasiado tiempo, Heather. Por eso te volviste tan competitiva. Ya es hora de que aprendas a controlar tus celos. Incluso enviaron a unos matones hasta la puerta de mi casa para que me acosaran y me robaran el poco dinero que lograba ganar. Creían que así aprendería la lección. Lo que no sabían era que había recibido un correo en el que me ofrecían una beca completa para estudiar en la Universidad de Zúrich. Estaba a punto de irme a Suiza y no pensaba volver jamás.
El largo adiós: su esperanza no es mi luz - undefined nobela & mga-kwento
Escarcha
El día que salieron los resultados del examen de admisión, iba de regreso en el tren con mi novio, después de terminar nuestro viaje de graduación. Esperanza Ríos, mi hermana de crianza, también viajaba con nosotros. A Esperanza le gustaba sentarse en el asiento de la ventanilla, así que Tomás Soto se sentó justo a su lado, y yo, como siempre, me quedé sola al otro lado del pasillo. —Luz, Esperanza y yo tenemos que hablar sobre nuestras opciones de carrera. Tú no sacaste buen puntaje, así que mejor siéntate ahí y ponte a ver una serie. Durante todo el camino, no paraban de reír y hablar, y yo no lograba meter ni una palabra. Así fue el viaje de graduación que Tomás me había prometido tres años atrás. A las diez en punto, los resultados se publicaron. Esperanza abrazó a Tomás emocionada: —¡Qué bien! ¡Con este puntaje, los dos podemos estudiar cualquier carrera en la Universidad de la Capital! Tomás le respondió con una sonrisa: —Mira el grupo de WhatsApp, tus papás y los míos ya nos están felicitando. Yo iba detrás de ellos y escuché las voces de mis padres a través del altavoz del celular de Esperanza: —¡Esperanza y Tomás sacaron tan buenas notas! ¡Son nuestro orgullo! Después, escuché las voces de los papás de mi novio. Bajé la mirada y abrí WhatsApp en mi celular. No me habían agregado al grupo familiar, y nadie me había preguntado nada. Bueno, ellos ya eligieron su esperanza. Yo también debería elegir mi propia luz.
Morí para acabar con su mentira - undefined nobela & mga-kwento
Mónica Herrera
El día que me diagnosticaron leucemia, no lloré. Lo primero que sentí fue alivio. Al fin y al cabo, yo no era su hijo biológico. Si moría, al menos ya no le debería nada a nadie. Cuando tenía seis años, mi hermano menor y yo nos peleamos por un robot de edición limitada. Mamá me arrastró hasta un rincón y pronunció cada palabra con una claridad cruel: —No eres nuestro hijo de verdad. Todo lo que tienes en esta casa te lo hemos dado como un favor. Desde aquel día, no volví a pedirles nada. A mi hermano le compraban tenis nuevos. Yo usaba los que él había dejado. Él tomaba clases de piano mientras yo lavaba los platos en la cocina para ganarme el dinero del desayuno del día siguiente. Vivía como una maleta olvidada en la casa familiar, siempre lista para que alguien viniera a recogerla en cualquier momento. Después del diagnóstico, el médico me explicó que un trasplante de médula ósea era mi mejor opción, y que lo ideal sería encontrar un donante compatible entre mis familiares directos. No se lo dije a nadie en casa. En cambio, busqué a escondidas a mis padres biológicos y utilicé los ahorros que había reunido durante siete años para pagar el anticipo de mi propia parcela en el cementerio. Y entonces ocurrió lo de anoche. Tenía 39,4 grados de fiebre y caminaba tambaleándome hacia la cocina para buscar agua. Al pasar frente al dormitorio de mis padres, los oí hablar. —¿Crees que fuimos demasiado lejos aquella vez? —preguntó mamá—. Nuestro hijo mayor se comporta cada vez más como un extraño. Papá suspiró. —¿Qué otra opción teníamos? Nolan es adoptado. Si no hubiéramos convencido a Miles de que no era nuestro hijo biológico, ¿cómo habríamos conseguido que cediera siempre ante Nolan? El vaso se me resbaló de la mano, rodó por el suelo y se detuvo junto a mis pies. Yo sí era su hijo biológico. Durante diecinueve años habían tratado al hijo adoptado como si fuera de su propia sangre. De pie frente a la puerta de su dormitorio, me eché a reír. Pero mi leucemia ya estaba demasiado avanzada.
Traición en Navidad: Somníferos y Secretos - undefined nobela & mga-kwento
Laura López
Con tal de salir con su asistente en Navidad, mi esposo puso somníferos en la leche en polvo de nuestra hija. Cuando, angustiada, llevé como pude al hospital con fiebre alta, me sorprendió ver cómo mi esposo subía las escaleras con su asistente en brazos. —¡Yolanda se torció el pie, la estoy acompañando a que la revisen! Mientras nuestra hija era atendida en el quirófano, él no mostró el más mínimo interés. Yo apretaba con fuerza el billete de lotería de un millón de dólares en el bolsillo. Era hora de abandonar ese matrimonio de siete años.
Entre Traición y Venganza - undefined nobela & mga-kwento
Mateo Ríos
Mi hija Sofí era una pianista muy reconocida. El día de la final, alguien la encerró en el baño y, confundida, perdió la oportunidad de ganar el campeonato. Revisé las cámaras, descubrí a la culpable y me preparé para denunciar esa trampa. Pero mi esposo Andrés, me detuvo con firmeza. —Es solo una travesura de niños. Si insistes en denunciar a la hermana de Isabel, haré que Sofía ni siquiera obtenga el segundo premio. Temblé de rabia. ¡No podía creer que Andrés fuera capaz de humillar así a su propia hija solo por proteger a la hermana de su secretaria! En ese momento, Sofía me tomó de la mano, aguantando las lágrimas. —Mamá, ya no quiero el campeonato. Y tampoco quiero a papá. Apreté su mano con fuerza. —Está bien. Si tú no lo quieres a él, yo tampoco lo quiero.
El aborto: el fin de mis sufrimientos - undefined nobela & mga-kwento
Rosalina
En mi sexto mes de embarazo, mi hermana menor, Clara Soto, sufrió un accidente de tráfico. Debido a la pérdida de sangre, requirió con urgencia un donante compatible. Y, según los exámenes, yo era la única que podía salvarle la vida. Sin embargo, debido a que durante los últimos meses de embarazo había perdido peso, me recomendaron no donar. Aun así, mi familia me obligó. Por lo que, sin fuerzas para oponerme, esperé que mi esposo me ayudara a salir de esa situación. No obstante, se quedó a un lado con los brazos cruzados, diciendo: —Estás bien de salud. Donar sangre no te afectará en nada. Clara tendrá un futuro brillante, no voy a permitir que lo destruyas. Después de la donación, me desmayé. Y, cuando desperté, supe que algo dentro de mí se había roto. Por lo que, sin decir ni una palabra, lo primero que hice fue agendar un aborto.
Les dolí cuando me perdían - undefined nobela & mga-kwento
Luma Manal
A los diez años, Diego me sacó del infierno y me juró que siempre me cuidaría. A los quince, apareció Bruno, quien también me prometió estar siempre a mi lado. Hoy, con veintitrés, esos dos que juraban protegerme... fueron los mismos que me arrojaron al mar con sus propias manos… Todo por ella, su alma gemela.
En la fiesta del hijo falso, apareció mi foto de niño - undefined nobela & mga-kwento
Luna Roja
Mi mamá accidentalmente me metió a un chat de grupo llamado “Familia Feliz”. En el grupo solo hay tres personas, mi mamá, mi papá y un chico que no conozco que lleva el apodo de “Tesoro”. Ellos están emocionadísimos organizando una fiesta de cumpleaños para él… y mañana es mi cumpleaños, ese que llevan diez años consecutivos olvidando. En el chat mamá escribe: ‘El lugar debe ser de ensueño, que se sienta como el rey de la fiesta.’ Luego, mi papá le hizo una gran transferencia de dinero, y le dijo: ‘No te preocupes por el dinero, solo no dejes que tu hermano se entere, se molestaría’. Mientras tanto yo, en silencio, tomo capturas de pantalla, esperando el momento perfecto para romper todos los lazos de una vez. En ese momento, mi hermana, siempre tan aplicada y ejemplar, me envía un mensaje al privado con una captura de pantalla de su conversación con mamá: “Mamá, ¿ya organizaste la fiesta sorpresa de cumpleaños para mi hermano? Me prometiste que esta sería la última vez que lo engañaremos”.
El regreso de los abandonados - undefined nobela & mga-kwento
Carmen M
Mi hermana menor, Sophie Sawyer, quedó embarazada antes del matrimonio, dio a luz a un niño en una pequeña clínica y luego desapareció. El doctor usó la dirección que ella dejó para encontrar a mi familia y me entregó al niño. Mis padres se arrodillaron y me suplicaron que lo criara, y así fue como yo, una mujer soltera, luché por salir adelante cargando a un niño. Cuando finalmente logré criarlo, Sophie regresó, parada junto a un jefe importante, cubierto de oro. Ella tomó a su hijo y lloró, acusándome de estar celosa de ella, de robarle a su hijo y de separarlos. Mi sobrino cortó lazos conmigo sin dudarlo, eligiéndola a ella por encima de mí. Mis padres me echaron de la casa. Los vecinos me condenaron. Desesperada, salté a mi muerte. Cuando volví a abrir los ojos, estaba de regreso en el día en que Sophie dio a luz.
Me Dejaron Morir en Año Nuevo - undefined nobela & mga-kwento
Lorena Cruz
Para celebrar el Año Nuevo, íbamos todos de camino a casa de mis abuelos. En plena autopista, mi hermano menor, Jaime Moreno, no paraba de decir que tenía que ir al baño. Mi mamá nos apuró a mi hermana mayor, Olivia Moreno, y a mí: —La próxima estación de servicio todavía está lejos. Vayan ustedes también de una vez, para que después no me salgan otra vez con que quieren ir al baño. ¡Muévanse, rápido, y nada de demorarse! Salí corriendo. Pero al volver, vi nuestro auto, con las luces traseras encendidas, alejarse despacio. Afuera, la temperatura estaba a más de diez grados bajo cero, y aun así, mis padres me habían dejado allí, olvidada, en una estación de servicio vacía. Eché a correr hacia el auto y grité con todas mis fuerzas: —¡Papá! ¡Mamá! Pero el auto dobló, se metió en el tráfico y desapareció por completo.
Amor Devorado por el Fuego - undefined nobela & mga-kwento
Flora Arbol
El día de mi cumpleaños, yo, Luna García, y mi hermana adoptiva Susana García sufrimos un accidente automovilístico. Las llamas ya me habían consumido, pero mi prometido, Manuel Sánchez, señaló el asiento del copiloto y gritó a los socorristas: —¡Salven a Susana primero! ¡Tiene un problema cardíaco! Al despertar, mi rostro estaba desfigurado y los médicos me dieron un mes de vida como máximo. Más tarde, por el bien de los intereses de ambas familias, todos decidieron que Susana se casaría en mi lugar con mi prometido. Manuel, con el corazón apretado, acarició los vendajes que cubrían mi cara y me hizo una promesa: —Cuando te mejores, la posición de señora Sánchez seguirá siendo tuya. Yo acepté con una sonrisa. Incluso regalé, como obsequio prenupcial para ella, todas mis acciones, propiedades y las obras de arte que no había revelado al público. Gracias a mis pinturas, ella se convirtió en una artista renombrada, admirada por todos. Durante una entrevista con los periodistas, nuestra madre, Irene Jiménez, lloró emocionada: —¡Menos mal que no le pasó nada a ella en el accidente! ¡Si no, nuestra familia habría perdido a una genia! Manuel también anunció a los cuatro vientos que ella sería la única y legítima esposa de la familia Sánchez. Lo que no sabían era que la verdadera genia los observaba desde las sombras, con una mirada gélida. Y todas aquellas cosas que yo misma les había regalado, desde el principio, no fueron más que ofrendas que preparé para mi venganza.
El juguete del jefe - undefined nobela & mga-kwento
Vincent
Todos me advirtieron que jamás me enamorara de Dante Moretti. Decían que era el fantasma de la familia Velasco: el segundo al mando que ordenaba ejecuciones sin parpadear, con el corazón más frío que el cañón de su propia pistola. Pero cuando me doblegó sobre aquel escritorio de caoba y presionó su boca contra mi oído, exigiéndome que pronunciara su nombre, fui lo suficientemente estúpida como para creer que aquello era posesión. Me tomó un año entero abrir los ojos a la verdad. Las fotografías bajo llave en el cajón de su despacho nunca fueron mías. La mujer vestida de blanco que lo esperaba los domingos por la mañana en el distrito de la catedral nunca fui yo. La chica que recibió una bala por él, a la que él llamaba su «salvación»... Su nombre es Elena Abate. Y resulta que Elena es la hija de mi madrastra. Para salvar a la familia, mi padre intenta venderme por quinientos millones a un heredero de los Agosti que ya tiene un pie en la tumba. Mi madrastra conspira para borrarme del mapa por completo. ¿Y el hombre que creí capaz de reducir esta ciudad a cenizas por mí? El día que más lo necesité, estaba subiendo a Elena por las escaleras, cargándola en brazos como si fuera un objeto sagrado. Todos pensaron que yo era solo un peón que podían mover a su antojo en su tablero de ajedrez. Se equivocaron. Si Dante no puede dejar ir a su precioso amor de infancia, a su «salvación», entonces me convertiré en la «viuda» de alguien más. Si Elena cree que ya ganó este juego, dejaré que mire desde la primera fila cómo una mujer que no tiene nada que perder lo destruye todo. Mi nombre es Serafina. Recuérdalo. Porque estoy a punto de convertirme en el castigo que ninguno de ustedes vio venir.
Huí antes de que él me convirtiera - undefined nobela & mga-kwento
Clara
—¿Estás segura de que quieres esto? —la bruja deslizó el vial por la mesa—. Una vez que lance el hechizo de desvinculación, tu conexión de compañeros destinados se disolverá a lo largo de diez días. En el décimo día, será permanente. No hay vuelta atrás. No lo dudé. —¿Tu nombre? —ella tomó su pluma. —Mara Voss. Su mano se congeló. Todos en la comunidad vampírica de Nueva York conocían ese nombre. Conrad Levin, el Príncipe del Dominio de Nueva York, un monstruo de ochocientos años que nunca había mostrado ni un rastro de afecto por nada, había anunciado hace tres años a todo el mundo sobrenatural que había encontrado a su compañera destinada. Una chica humana que portaba el tipo de sangre más raro que existía. Sangre dorada. Su nombre era Mara Voss. Extendí mi muñeca. La bruja comenzó su trabajo. Abrí mi teléfono y reservé un billete de solo ida a Praga. Con salida en exactamente diez días. Esta vez, Conrad nunca me encontraría.
La Hija Rechazada Volvió como Doctora - undefined nobela & mga-kwento
Andrea Aguirre
En mi vida anterior, la familia Salazar fue a buscarme al orfanato después de descubrir que yo podía ser su hija biológica. Sin embargo, Adrián Salazar, mi propio hermano, me acusó de haber provocado la enfermedad de Mónica Salazar, la hija adoptiva de la familia. Mis padres le creyeron y me echaron de casa. Poco después, morí enferma en la calle. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que los Salazar fueron a buscarme. Adrián se interpuso entre sus padres y yo y gritó: —¡Papá, mamá, no se la lleven! Desde que Mónica supo que la hija biológica de la familia podría volver, no ha dejado de sufrir crisis. Además, ni siquiera sabemos con certeza que ella sea Elena. Mis padres me pidieron que les mostrara mi mitad del medallón de cristal. La familia conservaba la otra, y ambas piezas eran la única prueba material que podía vincularme con ellos antes de una prueba de ADN. Como ya sabía cómo terminaría todo, decidí no mostrarla. Ante mi silencio y temiendo que Mónica empeorara, me miraron con decepción y se marcharon. Yo regresé en silencio al orfanato. Veinte años después, me había convertido en una de las cardiólogas más prestigiosas del país. El hombre sentado frente a mí me entregó un expediente clínico con las manos temblorosas. —Se lo suplico. Salve a Mónica. Me detuve al leer el nombre y observé durante un largo rato aquel rostro demacrado. Solo entonces levanté la mirada hacia el hombre. —No.
Mi propia madre me llamó mentirosa - undefined nobela & mga-kwento
Zafira
Para evitar que la acusaran de favoritismo, mi madre me obligó a participar en la jornada escolar de donación colectiva de sangre, a pesar de que padecía anemia severa. Después de que me extrajeran apenas cien mililitros, la vista comenzó a nublárseme. Extendí la mano hacia la aguja para detener el procedimiento, pero la joven enfermera me sujetó por la muñeca y me inmovilizó. —¿Solo llevas cien mililitros y ya quieres rendirte? Todos los demás estudiantes donaron cuatrocientos. —Miró mi rostro pálido con los ojos llenos de desprecio—. Donar sangre es un acto de honor. ¡Las personas egoístas como tú, que fingen estar enfermas para librarse, merecen que les extraigan el doble como castigo! A pocos metros de allí, mi madre me observaba con frialdad, con la decepción reflejada en el rostro. —Briana Hayes, ¿así es como te eduqué? Todos los demás donaron. No creas que porque eres mi hija eres especial. ¡Hoy completarás los cuatrocientos mililitros, aunque te cueste la vida! Jadeé en busca de aire mientras el corazón golpeaba mi pecho con tanta fuerza que sentí que estaba a punto de estallar. Cuando llenaron la tercera bolsa, mi visión ya se había vuelto completamente borrosa e, inevitablemente, me deslomé sobre el suelo. Mi alma comenzó a elevarse poco a poco mientras contemplaba a mi madre con culpa. Lo siento, mamá. De verdad no estaba mintiendo. Esta vez... en verdad ya no pude resistir más.
La Estrella Perdida - undefined nobela & mga-kwento
Cristal Matutino
Soy la falsa heredera malvada que creció en una familia rica. Después de mi muerte, mi amor de la infancia publicó mis fotos íntimas, llamándome una cualquiera que solo sabía seducir hombres. Tras lo cual, la gente llegó a casa gritando que me merecía la muerte. Mis papás, para librarse de mi mala suerte, quemaron toda la mansión esa misma noche e incluso les dieron mis cenizas a los perros. Todos decían que me lo merecía. Hasta que el día de la gran boda en vivo entre la verdadera heredera y mi amor de infancia, recibieron mi regalo de bodas.
La loba heredera se fue, la manada lamenta - undefined nobela & mga-kwento
Ellie C
Al nacer, una bruja me lanzó un hechizo de verdad que me volvió inmune a cualquier mentira. Durante un examen de pociones, la loba blanca más popular me deslizó disimuladamente en la mano el polvo que le había sobrado después de hacer trampa. —Lo vas a necesitar para el próximo examen. Toma un poco. ¡Suerte! Pensó que le creería y que cargaría con la culpa en su lugar. En cambio, levanté la mano. —Profesor, acaba de ponerme en la mano el polvo que usó para hacer trampa. Desde ese día, todos empezaron a evitarme. Crecí sola en un orfanato de hombres lobo, hasta que mis padres biológicos por fin me encontraron y me llevaron a casa, a la Manada Sombra Lunar. En el banquete de bienvenida que hicieron por mis dieciocho años, Bella, la falsa heredera, se dejó caer en el asiento que estaba entre mis padres. Se colgó del brazo de mi madre y me sonrió. —Vivian, de verdad quería cederte este lugar, pero mamá y papá están acostumbrados a que me siente entre ellos. Puedes buscar otro asiento. Todos esperaban que yo actuara con sensatez y me hiciera a un lado. Pero pregunté: —¿Y por qué querías cedérmelo? ¿Será porque sabías que ese lugar le correspondía a su hija biológica? Se quedó sin palabras por un instante. —Si hablabas en serio —insistí—, entonces levántate y devuélveme mi lugar.
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