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Contos e Romances com Egoísta e Matrimonio

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Noventa y Nueve Brazaletes de Esmeralda y un Divorcio - undefined romance & romance
Victoria Guerra
Cada vez que mi esposo me era infiel, me regalaba un brazalete de esmeralda. En cuatro años de matrimonio, reuní noventa y nueve brazalete. Lo perdoné tantas veces. Esta vez se fue de viaje tres días. Al volver, me trajo una con esmeraldas AAAA, valuado en millones. Entonces lo supe: era hora de pedir el divorcio.
El amor que quedó atrás - undefined romance & romance
Camote Loco
En el hospital se armó un escándalo. Un familiar de un paciente agitaba un cuchillo como un loco y, por instinto, empujé a Bruno para apartarlo. Pero él, de un tirón, me agarró la mano y me puso enfrente... para proteger a su querida Celia. Así, la cuchillada fue directo a mi vientre. Y con eso, me arrancó a mi bebé, que apenas empezaba a vivir. Mis compañeros del hospital, con lágrimas en los ojos, intentaban llevarme de urgencia a la UCI, pero Bruno me jaló de la camilla con brusquedad. Con la voz dura y cortante, soltó: —¡Primero salven a Celia! Si a ella le pasa algo, los echo a todos. Los médicos se quedaron helados, llenos de indignación. —¡Estás loco, Bruno! —le gritó uno—. Celia solo tiene un rasguño, ¡tu esposa está mucho peor! Yo, con las manos apretando mi abdomen empapado en sangre, asentí lentamente. —Déjenlo así... Bruno... con esto que te devuelvo hoy, ya no te debo nada.
Si volviera al pasado, tampoco te elegiría - undefined romance & romance
Lisa
Fui sola al concierto de mi cantante favorito. En la parte de las dedicatorias, el corazón me latía con fuerza. Recé en silencio para que la suerte me escogiera a mí. Pero al siguiente segundo, en la pantalla gigante apareció mi esposo, que supuestamente estaba de viaje por trabajo, y a su lado estaba su primer amor, Patricia Castellón. —Quiero pedir una canción: "Volver al pasado", volver tres años atrás, cuando Nicolás jamás habría terminado con Patricia. El público estalló en aplausos y vítores, celebrando aquella historia de amor. Solo yo, entre la multitud, me quedé con el rostro empapado en lágrimas. En la siguiente ronda de dedicatorias, de pronto vi en la pantalla mi propia cara hinchada de tanto llorar. —Yo también quiero pedir "Volver al pasado", volver al momento en que nunca habría aceptado la propuesta de matrimonio de Nicolás Varas.
¡Sorteé a mi esposo y me salió un bombón! - undefined romance & romance
Fernanda
El día que cumplo veinte años, mis papás ponen ante mí las fotos de herederos de las grandes dinastías empresariales del país para que elija con quién formalizar una alianza. En mi vida anterior escogí sin dudar a Alonso Rivas, el heredero más brillante de la élite capitalina. Después del matrimonio supe que la mujer de sus sueños, Daniela Romero, se hundió en una espiral de dolor: una noche, borracha en un bar, fue agredida por unos sujetos; intentó quitarse la vida tres veces. Alonso decidió que yo era la raíz de todo, le regaló a Daniela los bienes de mi familia y vació a los Molina. Al final, incluso la dejó cortar los frenos, condenándonos a los tres a morir en un accidente brutal Esta vez, con los ojos cerrados, elegí al azar una foto. Dejé que el destino eligiera por mí. Al final, Alejandro de la Vega el destino lo trajo a mi lado, heredero de Guadalajara: austero, espiritual, con el corazón en paz. Pero cuando entré del brazo de Alejandro a nuestra fiesta de compromiso… Alonso enloqueció.
Morí Por Su traición, Volví Por Justicia - undefined romance & romance
Zafira
Durante una delicada operación de trasplante de corazón, mi esposo insistió en que su amiga de la infancia, Sofía Sánchez, una simple estudiante en prácticas, fuera su asistente. Solo porque la reprendí por llevar las uñas artificiales durante la cirugía, salió furiosa del quirófano. Mi esposo, sin importarle el paciente en cirugía, la siguió para consolarla. Le supliqué que volviera para terminar la operación, pero me respondió: —Sofi está triste. ¿Puedes no hacer un escándalo en este momento? La operación puede esperar. ¿Qué importa eso comparado con Sofi? Al final, el paciente fue abandonado en la mesa de operaciones durante cuarenta interminables minutos, muriendo de dolor. Después descubrimos que el paciente era nada menos que el alcalde de nuestra ciudad, un hombre muy respetado. Mi esposo y Sofía decidieron echarme la culpa del accidente médico: —¡Si no hubieras hecho un escándalo en el quirófano y nos hubieras echado, el alcalde no habría muerto desangrado! ¡Todo es culpa tuya! Al final, no pude defenderme. Fui condenada a cadena perpetua sufriendo en prisión hasta morir en prisión. Mientras tanto, mi esposo y su amante caminaron hacia el altar y se casaron. Al abrir los ojos de nuevo, me encontré de regreso en el día de la operación del alcalde en nuestro hospital.
Noventa y Nueve Renuncias - undefined romance & romance
Mora
Cuando sufrí un ataque agudo de apendicitis, mis padres, mi hermano y mi prometido estaban ocupados celebrando el cumpleaños de mi hermana menor. Llamé una y otra vez desde la puerta del quirófano, buscando que algún familiar firmara el consentimiento para mi operación, pero todos colgaron sin piedad. Mi prometido, Gabriel Gómez, me envió un mensaje después de rechazar mi llamada: "No hagas berrinche, Sofía. Hoy es la fiesta de mayoría de edad de Luna. Hablemos después del banquete." Apagué el celular y firmé el consentimiento quirúrgico con calma. Era la novena y noventa vez que renunciaban a mí por Luna Ramos. Así que esta vez, soy yo quien renuncia a ellos. Ya no me duele su favoritismo. Al contrario, comencé a obedecer cada una de sus peticiones, sin cuestionar nada. Todos creyeron que por fin me había vuelto sensata. Nadie imaginaba que en realidad, me estaba preparando para desaparecer para siempre.
Pues, Fuiste Mi Tío Para Siempre - undefined romance & romance
Zafira
—¿Señorita Ximénez, está segura de abortar? Diana Ximénez estaba aturdida, pero la insistente pregunta del doctor la hizo reaccionar de golpe. Abrió los ojos desorbitada, como si no creyera lo que veía. No fue hasta que el doctor repitió la pregunta que comprendió, ¡había renacido! En su vida anterior, justo ese mismo día, descubrió que estaba embarazada y tomó una decisión que le haría pagar un precio devastador. El doctor insistió de nuevo: —¿Señorita Ximénez? —¡Sí! Esta vez, la respuesta de Diana fue firme, aunque con un leve temblor en la voz. ¡Esta vez no cometería el mismo error!
Del amor viejo, al sendero limpio - undefined romance & romance
Lira Dispersa
El autobús en el que viajaban mi suegra Carmen y mi hijo Nacho volcó en una carretera de montaña. El vehículo quedó colgado de un árbol al borde del abismo, a punto de desprenderse. Mi esposo Sergio Mendoza era el capitán del equipo de rescate más cercano, pero la policía descubrió que se había llevado a todo su equipo para acompañar al hijo de su primer amor, Camila López, a un acto escolar. En mi vida anterior, convencí a un amigo mío, Leo Méndez, de que me ayudara a ir al colegio y sacar a rastras a Sergio para que rescatara a Carmen y a Nacho. Pero Camila, avergonzada porque su hijo no ganó el primer puesto, cortó toda relación con él. Además, lo despidieron del equipo de rescate. Cuando Carmen y Nacho salieron del hospital, Sergio nos ató a Leo y a mí y nos arrojó por el acantilado. —¡Si no fuera por ustedes, no lo habría perdido todo! En esta vida, el hijo de Camila consiguió su primer lugar… pero a Sergio ya no le quedaba sonrisa alguna.
Renací para destruir el trono de mi hermana - undefined romance & romance
Anónimo
En mi vida anterior, el día que mi hermana Elsa y yo asistimos a la ceremonia de apareamiento, le salvé la vida a un príncipe de la Sangre que estaba en la ruina: Sebastián de Montoya. Para pagarme el favor, en cuanto regresó a su clan, Sebastián anunció frente a todos que yo sería su esposa. Un año después, traje al mundo a un heredero de sangre pura, el único capaz de reclamar todo el linaje. Ese día, loco de felicidad durante su coronación, selló un pacto de sangre conmigo. Me nombró su reina y su compañera eterna. Desde ese momento, todos los clanes tuvieron que arrodillarse ante mí. Elsa, en cambio, prefirió casarse con el Alfa de una manada de lobos y terminó siendo una más del montón, la amante más insignificante de todas. La envidia la volvió loca: durante un ritual de luna llena, me empujó al abismo, dejándome morir destrozada en la oscuridad. Cuando volví a abrir los ojos, me encontré de nuevo en el día del rito. Vi a Elsa correr desesperada hacia donde el príncipe estaba por caer, y ahí lo entendí todo: ella también había renacido. Pobre Elsa... no sabía en lo que se metió. Ser la prometida del príncipe es la parte fácil. El verdadero reto era ganarse su corazón... y sobrevivir para darle un hijo de su propia sangre.
El arrepentimiento del Don tras mi partida - undefined romance & romance
Onion
En mi quinto año de matrimonio con el Don de una poderosa familia mafiosa, descubrí que el amuleto de protección que me regaló me provocaba dolores de cabeza cada vez que lo llevaba conmigo. Como cirujana, esto me alarmó. Tomé los pequeños sobres que encontré dentro del amuleto y los llevé al laboratorio de toxicología del Hospital Kosley. El médico los inspeccionó y me dijo que contenían un tipo de veneno de acción lenta que no solo daña el cuerpo de la víctima, sino que también la vuelve infértil después de un tiempo. Lloré y exclamé: —¡Pero eso es imposible! ¡Mi esposo fue quien me dio esto! Se llama Vincenzo Cursley. ¡También es el dueño de este hospital! El médico me miró confundido. —Señorita, por favor, deje de decir tonterías. Conozco al señor Cursley y a su esposa. Son muy cercanos e íntimos entre ellos. Además, la señora Cursley dio a luz a un bebé hace poco. Ambos están ahora en la sala VIP, cuidando de su bebé. Entonces, el médico me mostró una foto en su teléfono. Vincenzo vestía su traje negro habitual con el emblema de la familia Cursley bordado en él. Sostenía a un bebé en brazos, y en cuanto a la mujer que estaba a su lado... La conocía. Se llama Claudia Henderson. Y Vincenzo siempre se ha referido a ella como su hermana adoptiva.
La Sombra Que Dejó De Proteger Al Don - undefined romance & romance
lvy
Era la asesina más hábil de Don Alexander y su Consigliere, pero también su esposa secreta. Durante los cinco años que duró nuestro matrimonio oculto, él nunca permitió que nuestro hijo lo llamara papá. Siempre decía que las familias enemigas nos vigilaban todo el tiempo y que mi hijo y yo éramos su única debilidad; juraba que lo hacía para protegernos. Yo le creí y lo ayudé en silencio a manejar todos los asuntos de la familia, hasta que su primer amor, Bella, regresó con un niño de cinco años. Él reservó todo un parque de diversiones para que ellos se divirtieran todo el día. Ese día era el cumpleaños de mi hijo, y él se empeñó en esperar a que su padre volviera a casa, mientras sostenía un pastel que ya se estaba derritiendo. Perdí la esperanza e hice una llamada: —Ayúdame a cancelar mi identidad y la de Leo; borra toda nuestra información. Pero cuando mi hijo y yo nos esfumamos, el poderoso Don se volvió loco y buscó por todo el mundo algún rastro nuestro...
Tras su preferida - undefined romance & romance
Gatoburbuja
Desde que me casé con Julián Mendoza, él puso punto final a todas sus andanzas. Para todos, yo era la mujer que había ‘domado’ al ‘playboy’, y mi vida familiar era la envidia. Hasta el día de nuestro noveno aniversario, cuando vi por accidente los mensajes en el grupo de chat con sus amigos: “Oye Julián, ¿qué tal la experiencia de ayer en el Bentley con tu compañera de universidad?” “Lo hemos probado en todos lados. Está locamente enamorada de mí.” Debajo había una foto íntima de ellos, y el grupo se llenó de comentarios calientes, felicitándolos entre risas y bromas. Miré la pantalla y un dolor punzante me atravesó el corazón. De pronto lo entendí: toda aquella felicidad a mi lado no era más que un montaje perfectamente preparado. Me quedé sentada, inmóvil, toda la noche, esperando su regreso. Cuando al fin Julián llegó, trayendo un pastel de celebración, no pude evitar soltar una risa fría. —Ya lo sé todo. ¿No te cansa fingir?
Renacida y despiadada: No salvaré al Don - undefined romance & romance
Knit Knot
Le salvé la vida a Don Stefano Marino, de la familia Marino. En el momento en que una bala estaba a punto de alcanzarlo, fui yo quien lo protegió con mi cuerpo. Debido a la deuda de vida que tenía conmigo, Stefano decidió que sería yo quien se casara con él, en lugar de mi hermana mayor, Anna Costa, en la alianza matrimonial. Pero en nuestra noche de bodas, Stefano prefirió beber hasta quedar inconsciente en algún lugar de la ciudad antes que consumar nuestro matrimonio conmigo. Como una tonta ingenua, pensé que algún día sería capaz de derretir su corazón de hielo con mi amor. Pero no habían pasado ni cinco años cuando Stefano regresó con un niño que se parecía a él y a Anna. —Anna ha sufrido tremendamente durante su tiempo en el extranjero mientras intentaba criar a su hijo sola. Necesito compensárselo. Entonces, Stefano me entregó el acuerdo de divorcio. —Has acaparado el puesto de Donna durante muchos años. Es hora de que se lo devuelvas a ella. Solo entonces descubrí que, en realidad, Stefano había pasado esa noche con Anna, la misma noche de nuestra boda. Saqué el informe de embarazo con el que pensaba sorprender a Stefano, solo para que él lo rompiera en mil pedazos. —No necesito otro hijo. Una vez que esas frías palabras cayeron, me enviaron por la fuerza al quirófano, donde sufrí un sangrado intenso después, lo que resultó en mi muerte y la de mi bebé no nacido. Cuando desperté de nuevo, vi a Stefano, que estaba a punto de recibir un disparo. Esta vez, empujé a Anna en su dirección.
Me Arranqué la Marca del Alfa - undefined romance & romance
Shenny
Hace media hora, mi compañero destinado finalmente se me propuso; celebraríamos una gran ceremonia de emparejamiento en medio mes. El momento que había esperado durante diez años finalmente había llegado. Pero justo en este momento, sucedió. Mi Alfa estaba sosteniendo a otra mujer mientras sus dedos acariciaban su piel. Su voz era suave, casi de adoración al hablarle. —Me arrepiento de todo. Si me quieres de vuelta, romperé el vínculo de compañeros con ella. Él no tenía ni idea de que lo estaba observando desde fuera de la ventana; estaba tan absorto en esa mujer que ni siquiera percibió mi olor. Justo en ese momento, lo comprendí: nuestro vínculo de compañeros, nuestros diez años juntos, pasaron por mi mente. Envié un enlace mental a mi madre y le dije que iba a romper el vínculo de compañeros con Mike. Luego volvería a la manada Deep Blue para dirigirla por mi cuenta. Mike nunca sabría que nuestra ceremonia de emparejamiento sería el día que me vaya.
Él se hizo el muerto, y yo lo hice realidad - undefined romance & romance
Puñito Feroz
Tres meses después de que mi esposo, Josiah Erikson, desapareciera en un accidente de esquí, lo vi en un bar. Él reía a carcajada limpia, con un brazo envuelto naturalmente alrededor de los hombros de su «mejor amiga», Mónica Jones. —Menos mal que se les ocurrió esta idea. Casi había olvidado cómo se siente la libertad. Uno tras otro, sus amigos chocan sus copas con él y le preguntan cuándo planea reaparecer. Bajó la mirada y lo pensó antes de decir: —En una semana. Apareceré cuando ella se haya vuelto completamente loca buscándome. De pie entre las sombras, lo vi saborear su libertad, y entonces llamé a mi amiga que trabaja en la oficina estatal de registros civiles.
Noventa y nueve veces te perdoné - undefined romance & romance
Simp-pático Inocente
¿Cuánto me llegó a amar mi esposa? En aquel entonces, me pidió noventa y nueve veces que nos casáramos. Fue recién a la centésima cuando su insistencia terminó por conmoverme. El día de nuestra boda, le regalé noventa y nueve vales de reconciliación. Prometimos que, mientras le quedara uno solo, yo nunca me iría de su lado. Tras cinco años de casados, ella canjeaba un vale cada vez que salía a ver a su alma gemela. Al usar el número noventa y siete, ella notó de pronto que algo en mí había cambiado. Ya no había lágrimas ni escenas, ya no le suplicaba que se quedara a mi lado. Una vez, mientras ella perdía la cabeza por atender a su joven y mimado secretario, le pregunté en voz baja: —Si te vas con él, ¿puedo cobrar un vale de reconciliación? Se quedó pasmada un segundo y, extrañamente, cedió: —Está bien. Total, apenas habremos usado unos sesenta. Úsalo si quieres. Asentí y la dejé irse. No se imaginaba que era el noventa y siete. Ni que solo nos separaban dos vales del final.
Traición antes del parto: ¿yo soy la amante? - undefined romance & romance
Nancy Young
En mi octavo mes de embarazo, mi esposo —agente de investigaciones— por fin logró sacar un poco de tiempo y me acompañó por primera vez al hospital para mi control prenatal. Pero apenas cruzamos la entrada, su teléfono satelital encriptado comenzó a vibrar con insistencia. El nombre en la pantalla apareció solo un instante, pero a él, que siempre se mantiene sereno, le bastó para ponerse tenso de inmediato. —Amor… hay una alerta roja. Acaba de aparecer otro fugitivo internacional. Yo… lo siento… Se le notaba la angustia. Con ese tono firme, propio de quien está acostumbrado a dar órdenes sin réplica, se disculpó a toda prisa… y se fue. Me quedé mirando cómo su todoterreno se alejaba a toda velocidad, hasta desaparecer. Para entonces, mis uñas ya habían destrozado el formulario del control prenatal. Con mi enorme vientre, salí a la calle, detuve un taxi y dije sin perder tiempo: —Hola, siga a ese vehículo. Ja… ¿un fugitivo con alerta roja? Vaya mentira más absurda. Ni siquiera la Oficina de Seguridad Nacional de mi padre recibió ningún aviso. Y él, siendo apenas un simple inspector que solo asistía en los casos… ¿qué “fugitivo” tan urgente tendría que atrapar? “Quiero ver con mis propios ojos quién es ese jefe que se atreve a darle una orden tan urgente”.
Lo dejé y me llevé todo lo que me debía - undefined romance & romance
Crimson R
Mi esposo estaba trabajando durante las fiestas, otra vez. Lo habían enviado fuera de la ciudad para supervisar una de las operaciones portuarias de la Familia y una serie de casas de juego. Por lo tanto, decidí comprar un boleto y sorprenderlo. Solo quedaban asientos en clase ejecutiva. Mirando el precio de cinco cifras, apreté los dientes y me gasté los ahorros de todo un año. Todo para que luego ni siquiera pudiera averiguar cómo bajar la maldita bandeja. La socialité sentada a mi lado soltó una risa fría. —¿Nunca has volado en clase ejecutiva? Forcé una sonrisa incómoda. —Disculpa. Tú debes de ser… importante. Tienes esa aura. —¿Oh, yo? No. El hombre que me mantiene es el importante. Alquilaría un jet privado si yo se lo pidiera. La clase ejecutiva es prácticamente rebajarse. Parpadeé. —¿Un… benefactor? Eso es raro. —Para nada. Soy su secretaria. Cometo muchos errores. Le cuesta una fortuna. Me grita hasta que lloro. Y luego, bueno… llorar lleva a otras cosas. —Ella guiñó un ojo—. Ya sabes cómo es. —Qué curioso —dije, con la voz tensa—. Mi esposo tiene una asistente que le ayuda a manejar las cuentas de los muelles. También se equivoca mucho. —¿Estás casada? Me recorrió de arriba abajo con la mirada. —Mi hombre tiene una esposa de tu edad. Dice que está harto de ella. Que tocarla es aburrido. Dice que es mucho más emocionante el simple hecho de apartarme el cabello de la cara. Se inclinó más cerca. —Le dije que quería verlo para Año Nuevo. Así que le dijo a la esposa que tenía que trabajar. En ese momento, el diamante en su dedo atrapó la luz. Era idéntico al anillo de boda que yo había perdido. El cuerpo se me heló. No. Matteo solo era un ejecutor de bajo nivel. Un simple soldado en el que la Familia confiaba ocasionalmente para hacer operaciones menores: envíos en el muelle, apuestas clandestinas, nada más. ¿Cuándo se convirtió en un Don?
Mientras Daba a Luz, Él Se Casó con Mi Hermana - undefined romance & romance
Bonnie
El día del terremoto, mi hermana Elena me empujó desde el tercer piso; luego rompió a llorar y juró que solo había intentado salvarme. Todo el mundo le creyó. La única persona que se puso de mi lado fue Nicoló, el jefe mafioso más joven que había visto Sicilia en décadas. Me sacó entre los escombros con sus propias manos, me pidió matrimonio frente a todos y sentenció que, desde ese día, quien se atreviera a tocarme tendría que responder ante él. Dos meses después, quedé embarazada. Nicoló compró una isla entera y la cubrió de lirios, mis flores favoritas, todo para nuestra boda. Mi padre gastó una fortuna en un vestido de novia único, confeccionado exclusivamente para mí. Todos decían que yo era la mujer más envidiable de toda la familia. Pero cuando llegó el momento del parto, ambos desaparecieron sin dejar rastro. Mi padre me explicó que la familia tenía un trato crucial en juego. Nicoló besó mi vientre abombado, murmuró que volvería pronto y prometió traer regalos para mí y para nuestro bebé. Justo antes de que me llevaran en camilla a la sala de partos, un video anónimo llegó a mi celular. En las imágenes, Nicoló vestía el traje de novio. A su lado estaba Elena, con una mano reposando sobre su propio vientre embarazado y luciendo mi vestido de novia. Se aferraba al brazo de mi prometido, como si lo hubiera conquistado con total legitimidad. Al final del video, mi padre bajó el tono de voz y preguntó: —Si tú y Valentina solo mantienen un matrimonio de papel, ¿qué será del hijo que ella va a dar a luz? Nicoló guardó silencio durante dos segundos antes de responder con frialdad: —Valentina lo tuvo todo desde la infancia. Elena ha cargado toda su vida con la mancha de ser hija ilegítima. Su hijo no tendrá que vivir con ese estigma. Comprendí entonces que toda esa ternura nunca había sido para mí. Estaba destinada a Elena. Bien. Que se tengan el uno al otro.
Treinta y Tres Bodas, Un Divorcio - undefined romance & romance
Fabiola
Después de casarnos en secreto, cada vez que mi esposa, la abogada Cecilia Castillo, probaba una nueva postura en la cama con su amigo de la infancia, Leonardo Muñoz, me pedía que celebráramos la boda. En tres años, Cecilia ya me había dejado plantado treinta y una veces. La primera vez, murió el perro de Leonardo. Dijo que, para guardar luto, no podíamos celebrar la boda durante tres meses. Con el traje puesto, tuve que disculparme una y otra vez ante todos los familiares y amigos que habían ido a la boda. La segunda vez fue porque a Leonardo le dolía el estómago. Ella salió a comprarle algo para aliviarlo. Después, cada vez que fijábamos una nueva fecha para la boda, Leonardo siempre terminaba teniendo algún problema. Le reclamé, discutí con ella, incluso armé escenas. Pero Cecilia siempre decía: —Leonardo y yo solo nos acostamos. Tú eres mi esposo. No seas tan mezquino. Después de que me anunciara que volvería a faltar a nuestra boda por trigésima segunda vez, por fin me cansé. Deslicé el acuerdo de divorcio hasta dejarlo frente a ella. —Dentro de un mes, quiero que formalicemos el divorcio.
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