Novels
Short Stories

Genres

Romance×
All
Romance
Drama Realista
Hombres Lobo
Mafia
MM Romance
Vampiro
Mitología
Fantasía
Vida Escolar/Campus
Imaginación
Reencarnación
Misterio/Suspenso
Leyenda Popular
POV masculino

Characters

49
All
Egoísta
Mujer Poderosa
Amante
Independiente
Mafia
Alfa
Canalla (Hombre)
Amigos de la Infancia
CEO/Magnate
Hipócrita
POV masculino
Primer Amor
Psicópata
Sin Sentimientos
Luna
Rompehogares
Compañero
Doble Reencarnación
Mujer Casada Joven
Amor Incondicional
Heredera Verdadera/Falsa
La más Popular
Excéntrico/a
Mejor Amiga
Vampiro
Escoria
Doctor/a
Diosa/Idol
Calculador/a
Protagonista Animal
Secretario/a
Identidades Múltiples
Obsesionado/a con el Amor
Canalla (Mujer)
Vecindario
Íncubo
Sustituto/a
niño
Profesor
Hombre Bestia
Elfo
Tierno pero posesivo
Forense
Estudiante Pobre
Sumiso/a en el Amor
Piloto
Supermacho paranoico
Celebridad
Influencer
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Plot & Setting

52
Matrimonio×
All
Reconquista Desesperada
Arrepentirse
Dejar en ridículo
Cuenta Regresiva
Infidelidad
Matrimonio
Venganza
Karma
Castigo al Infiel
Drama Familiar Total
18+
Drama Familiar
Seducción
Despertar
Encuentro Amoroso
Liarse con alguien
Fingimientio de Muerte
Ambiente Laboral
Desarrollo Femenino
Persecución por Amor
Embarazo
Sistema
Amor Prohibido
Reconciliación
Redención
Origen de Familia
Acoso
Matrimonio por Sustitución
Crimen
Crush Mutuo
Diferencia de Edad
Viaje en el Tiempo
Dentro de la Novela
Telepatía
Matrimonio por Contrato
Aventura
Vida Escolar/Campus
Transmisión en Vivo
Amor Forzado
Descubrimiento de una Infidelidad
Apocalipsis
Solidaridad
Amigas Divorciadas
Desafiar Destino
Maldición
Matrimonio antes del Enamoramiento
Mundo del Entretenimiento
Romance Fantástico
Ventaja Especial
amado/a por todos
Misterio/Detective
Escape de la Boda
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Themes

20
Romance Amargo×
All
Giro Inesperado
Romance Amargo
Satisfacción/Poder
Melodramático
Renacido
De Perdedor a Ganador
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Dulce y Doloroso
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Comedia
Bizarro/Peculiar
Múltiples Perspectivas
Complejo/Intrigante
Enfermizo/Retorcido
Apasionante
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Romance Amargo Romance Short Stories & Matrimonio Novels

Discover a collection of engaging Romance Amargo Romance short stories featuring Matrimonio, with compelling plots and immersive storytelling. Perfect for readers seeking one-hour short stories and quick, immersive reads online.
Noventa y Nueve Brazaletes de Esmeralda y un Divorcio - Romance novels & stories
Victoria Guerra
Cada vez que mi esposo me era infiel, me regalaba un brazalete de esmeralda. En cuatro años de matrimonio, reuní noventa y nueve brazalete. Lo perdoné tantas veces. Esta vez se fue de viaje tres días. Al volver, me trajo una con esmeraldas AAAA, valuado en millones. Entonces lo supe: era hora de pedir el divorcio.
El amor que quedó atrás - Romance novels & stories
Camote Loco
En el hospital se armó un escándalo. Un familiar de un paciente agitaba un cuchillo como un loco y, por instinto, empujé a Bruno para apartarlo. Pero él, de un tirón, me agarró la mano y me puso enfrente... para proteger a su querida Celia. Así, la cuchillada fue directo a mi vientre. Y con eso, me arrancó a mi bebé, que apenas empezaba a vivir. Mis compañeros del hospital, con lágrimas en los ojos, intentaban llevarme de urgencia a la UCI, pero Bruno me jaló de la camilla con brusquedad. Con la voz dura y cortante, soltó: —¡Primero salven a Celia! Si a ella le pasa algo, los echo a todos. Los médicos se quedaron helados, llenos de indignación. —¡Estás loco, Bruno! —le gritó uno—. Celia solo tiene un rasguño, ¡tu esposa está mucho peor! Yo, con las manos apretando mi abdomen empapado en sangre, asentí lentamente. —Déjenlo así... Bruno... con esto que te devuelvo hoy, ya no te debo nada.
Si volviera al pasado, tampoco te elegiría - Romance novels & stories
Lisa
Fui sola al concierto de mi cantante favorito. En la parte de las dedicatorias, el corazón me latía con fuerza. Recé en silencio para que la suerte me escogiera a mí. Pero al siguiente segundo, en la pantalla gigante apareció mi esposo, que supuestamente estaba de viaje por trabajo, y a su lado estaba su primer amor, Patricia Castellón. —Quiero pedir una canción: "Volver al pasado", volver tres años atrás, cuando Nicolás jamás habría terminado con Patricia. El público estalló en aplausos y vítores, celebrando aquella historia de amor. Solo yo, entre la multitud, me quedé con el rostro empapado en lágrimas. En la siguiente ronda de dedicatorias, de pronto vi en la pantalla mi propia cara hinchada de tanto llorar. —Yo también quiero pedir "Volver al pasado", volver al momento en que nunca habría aceptado la propuesta de matrimonio de Nicolás Varas.
¡Sorteé a mi esposo y me salió un bombón! - Romance novels & stories
Fernanda
El día que cumplo veinte años, mis papás ponen ante mí las fotos de herederos de las grandes dinastías empresariales del país para que elija con quién formalizar una alianza. En mi vida anterior escogí sin dudar a Alonso Rivas, el heredero más brillante de la élite capitalina. Después del matrimonio supe que la mujer de sus sueños, Daniela Romero, se hundió en una espiral de dolor: una noche, borracha en un bar, fue agredida por unos sujetos; intentó quitarse la vida tres veces. Alonso decidió que yo era la raíz de todo, le regaló a Daniela los bienes de mi familia y vació a los Molina. Al final, incluso la dejó cortar los frenos, condenándonos a los tres a morir en un accidente brutal Esta vez, con los ojos cerrados, elegí al azar una foto. Dejé que el destino eligiera por mí. Al final, Alejandro de la Vega el destino lo trajo a mi lado, heredero de Guadalajara: austero, espiritual, con el corazón en paz. Pero cuando entré del brazo de Alejandro a nuestra fiesta de compromiso… Alonso enloqueció.
El Magnate y Su EX de las Cien Casas - Romance novels & stories
Noa Ferrer
¿Hasta dónde puede llegar alguien con dinero? Mi esposo tenía tanto que, en Bruma, le decían Medio Bruma, ya que casi la mitad de la ciudad es suya. Llevábamos cinco años casados; cada vez que se iba a acompañar a su amor de toda la vida, me traspasaba una casa. Cuando a mi nombre ya había noventa y nueve, él notó que yo había cambiado. Ya no lloré ni supliqué, simplemente me limité a escoger la mejor mansión de la ciudad, preparé la escritura y esperé a que él la firmara. Cuando lo hizo, su voz se le ablandó al prometer: —Cuando regrese, te llevaré a ver los fuegos artificiales. Guardé los papeles y asentí. Lo único que no le conté fue que: lo que acababa de firmar esa vez no era una casa más, sino… nuestro acuerdo de divorcio.
Solo Fui Una Invitada - Romance novels & stories
Venéfica
Me casé con el mismo hombre siete veces. El hombre también se divorció de mí siete veces por la misma mujer, solo para poder pasar las vacaciones como un hombre soltero con su primer amor, y también para que su primer amor no fuera afectada por los rumores. La primera vez que nos divorciamos, me corté la muñeca para intentar retenerlo, y me llevaron al hospital en una ambulancia, pero no vino a verme ni una sola vez. La segunda vez que nos divorciamos, me rebajé, fui a su empresa para postularme como su asistente, solo para poder verlo un poco más. La sexta vez que nos divorciamos, simplemente empacé mis cosas para mudarme de la casa que compartíamos. Mi histeria, mis múltiples concesiones, mi aceptación indiferente, solo trajeron como resultado el casamiento y el divorcio una y otra vez. Hasta que esta vez, después de recibir la noticia de que su primer amor regresaría al país, le entregué de forma proactiva el acuerdo de divorcio. Él, como siempre, acordó conmigo la fecha para nuestra reconciliación, pero no sabía que, esta vez, me iría para siempre.
¿El precio de no elegirme? ¡Su locura! - Romance novels & stories
Lloroy
El día del divorcio, solo me llevé la ropa de la boda. La casa, el auto, el dinero, las hijas... todo se lo dejé a mi esposo, Daniel Vegas. Él me miró con sorpresa y esbozó una sonrisa burlona: —¿Estás segura? Criaste a las tres niñas con tus propias manos, ¿tampoco las quieres? —Si de verdad no quieres nada, tampoco te pediré la pensión alimenticia. Así será justo. Firmé rápido los documentos del divorcio y dije con tono sereno: —Sí, muy justo. Daniel dudó un momento antes de estampar lentamente su firma. —Si te arrepientes, puedes... Interrumpí su frase con un gesto de la mano y me fui sin volver la mirada. Daniel siempre decía que me casé con él por dinero e influencia, e incluso intentó atarlo a través de los hijos. Pero ya no importaba. Cuando al fin viera mi cadáver, lo entendería.
Él se hizo el muerto, y yo lo hice realidad - Romance novels & stories
Puñito Feroz
Tres meses después de que mi esposo, Josiah Erikson, desapareciera en un accidente de esquí, lo vi en un bar. Él reía a carcajada limpia, con un brazo envuelto naturalmente alrededor de los hombros de su «mejor amiga», Mónica Jones. —Menos mal que se les ocurrió esta idea. Casi había olvidado cómo se siente la libertad. Uno tras otro, sus amigos chocan sus copas con él y le preguntan cuándo planea reaparecer. Bajó la mirada y lo pensó antes de decir: —En una semana. Apareceré cuando ella se haya vuelto completamente loca buscándome. De pie entre las sombras, lo vi saborear su libertad, y entonces llamé a mi amiga que trabaja en la oficina estatal de registros civiles.
El Hockeyista Fingió Amarme y Elegí a Su Rival - Romance novels & stories
Miss Sunny
—Su matrimonio era un recuerdo de cincuenta dólares, señorita Vance. Y su esposo ya estaba casado con otra persona. En un solo instante, en la oficina de inmigración, mi vida como esposa de la superestrella de la NHL, Liam Sterling, se evaporó. Nuestra boda secreta en Las Vegas había sido un fraude, y Liam ya estaba legalmente casado con su "representante", Sophia. Pero la crueldad no terminó ahí. Liam esperaba que yo adoptara al "huérfano de un héroe de guerra", un niño que en realidad era el hijo secreto de Sophia y él. No quería una esposa. Quería a una doctora de equipo de clase mundial para salvar su carrera y a una niñera gratis para criar al hijo de su verdadera esposa. Liam cometió un error fatal: olvidó que yo era la única que podía mantenerlo en el hielo. Firmé un contrato récord con los Titans, sus rivales más fuertes. Mientras la rodilla de Liam se hacía pedazos durante los playoffs, yo estaba en el banquillo del enemigo, sanando al único hombre que podía destruirlo. ¿Él quería una niñera? Estaba segura de que tendría su peor pesadilla.
Noventa y nueve veces te perdoné - Romance novels & stories
Simp-pático Inocente
¿Cuánto me llegó a amar mi esposa? En aquel entonces, me pidió noventa y nueve veces que nos casáramos. Fue recién a la centésima cuando su insistencia terminó por conmoverme. El día de nuestra boda, le regalé noventa y nueve vales de reconciliación. Prometimos que, mientras le quedara uno solo, yo nunca me iría de su lado. Tras cinco años de casados, ella canjeaba un vale cada vez que salía a ver a su alma gemela. Al usar el número noventa y siete, ella notó de pronto que algo en mí había cambiado. Ya no había lágrimas ni escenas, ya no le suplicaba que se quedara a mi lado. Una vez, mientras ella perdía la cabeza por atender a su joven y mimado secretario, le pregunté en voz baja: —Si te vas con él, ¿puedo cobrar un vale de reconciliación? Se quedó pasmada un segundo y, extrañamente, cedió: —Está bien. Total, apenas habremos usado unos sesenta. Úsalo si quieres. Asentí y la dejé irse. No se imaginaba que era el noventa y siete. Ni que solo nos separaban dos vales del final.
Treinta y Tres Bodas, Un Divorcio - Romance novels & stories
Fabiola
Después de casarnos en secreto, cada vez que mi esposa, la abogada Cecilia Castillo, probaba una nueva postura en la cama con su amigo de la infancia, Leonardo Muñoz, me pedía que celebráramos la boda. En tres años, Cecilia ya me había dejado plantado treinta y una veces. La primera vez, murió el perro de Leonardo. Dijo que, para guardar luto, no podíamos celebrar la boda durante tres meses. Con el traje puesto, tuve que disculparme una y otra vez ante todos los familiares y amigos que habían ido a la boda. La segunda vez fue porque a Leonardo le dolía el estómago. Ella salió a comprarle algo para aliviarlo. Después, cada vez que fijábamos una nueva fecha para la boda, Leonardo siempre terminaba teniendo algún problema. Le reclamé, discutí con ella, incluso armé escenas. Pero Cecilia siempre decía: —Leonardo y yo solo nos acostamos. Tú eres mi esposo. No seas tan mezquino. Después de que me anunciara que volvería a faltar a nuestra boda por trigésima segunda vez, por fin me cansé. Deslicé el acuerdo de divorcio hasta dejarlo frente a ella. —Dentro de un mes, quiero que formalicemos el divorcio.
El Amante Oculto en el Sofá - Romance novels & stories
Nicole Roncero
Desde que Margarita López mandó hacer un sofá nuevo, más largo y más ancho de lo normal, empezó a dormir todas las noches en la sala. Cada vez que intentaba convencerla de volver al cuarto para estar a solas, ella me rechazaba diciendo que estaba cansada. Desde la sala siempre me llegaban ruidos ahogados. Ya no pude soportarlo más. El día que dio a luz, apenas la sacaron de la sala de partos y ni siquiera podía incorporarse en la cama, me negué a cargar al bebé y le pedí el divorcio. Con los ojos rojos, me preguntó: —¿Quieres divorciarte de mí solo porque duermo en el sofá todas las noches? Respondí sin dudar: —Sí.
Renací para Dejar de Amarte - Romance novels & stories
Ciprés
El día en que Valeria Guzmán y yo nos casamos, el falso heredero, Jaime Castro, se suicidó. Al segundo año de matrimonio, aquello ya nos había convertido en enemigos. Ella me odiaba porque, según ella, yo, el verdadero hijo, había vuelto y había provocado la muerte de Jaime. Y yo la odiaba porque seguía aferrada al hombre que me había robado la identidad durante veinte años. Durante diez años, nos herimos con las palabras más crueles y nos deseamos la peor de las muertes. Hasta que un terremoto lo cambió todo. Ella me cubrió con su cuerpo y, con la espalda, mantuvo abierto el único espacio por el que yo podía salir vivo. La viga cayó. Le destrozó la espalda. Antes de morir, me susurró al oído: —Si hubiera sabido que él iba a morir, habría preferido no llevarte nunca de vuelta a casa. Si hay otra vida, me basta con ser tu única familia. Al final, yo también morí durante una réplica. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado a mis años de universidad, al día en que ella iba a llevarme ante mi verdadera familia. Pero, de pronto, se echó atrás. —Esteban, me equivoqué. No eres el hijo que los Castro perdieron hace veinte años.
La guerra terminó; mi vida comenzó. - Romance novels & stories
Myosotis
Le dediqué treinta años de mi vida a Julián Marchetti después de que terminó la guerra. Construí su imperio, crié a nuestros hijos y mantuve unida a la familia desde las sombras. Pero, cuando murió, su testamento ni siquiera mencionaba mi nombre. La mitad de su fortuna fue para nuestros hijos. La otra mitad, para Lidia Carter, la hija del hombre que le había salvado la vida en Normandía. La misma mujer que había robado mi identidad y construido toda su vida sobre las ruinas de la mía. Lo único que me dejó fue una simple nota, garabateada con su inconfundible caligrafía: «Te amé. Tuvimos treinta años maravillosos. Pero le debo demasiado a Lidia. Esto es lo mínimo que puedo hacer por ella.» Caí muerta de un ataque al corazón ahí mismo, en su estudio, aferrada a ese patético pedazo de papel. Cuando volví a abrir los ojos, había vuelto a 1945, justo cuando la guerra acababa de terminar. Esta vez no iba a reprimir mi rabia ni a sufrir en silencio. Estaba decidida a defenderme y a reclamar todo lo que legítimamente me pertenecía.
Adiós al amor que perdí hace ocho años - Romance novels & stories
Mónica Herrera
Hace ocho años, le rompí el corazón al único hombre que he amado. Ahora, tras pasar casi una década en el extranjero, Liam Hayes por fin volvía a casa. Y no venía solo: traía a su nueva novia para presentarla a su familia. Ese mismo día, el hospital me dio su veredicto final. El cáncer había ganado. Ya no quedaba nada por intentar, ningún tratamiento que probar. Me enviaron a casa sabiendo que mis días estaban contados. Cuando el señor Liam me vio en el hospital, mientras mi madre me ayudaba a subir a una silla de ruedas, una sonrisa gélida curvó sus labios. —Ocho años —dijo, con una frialdad que calaba los huesos—. ¿Y en esto te convertiste? ¿Ya ni siquiera puedes caminar sola? El desprecio se filtraba en cada una de sus palabras. Yo solo tiré de la manga de mi abrigo hacia abajo, ocultando las marcas de los pinchazos de las agujas en el dorso de mi mano. —No es nada —respondí en un susurro—. Me caí y me fracturé un hueso. Eso es todo. Él soltó una carcajada seca y amarga. —En ese caso, ya que me voy a casar pronto, ¿por qué no vienes a la boda? Serías la dama de honor perfecta para mi prometida. Le sonreí, fingiendo que sus palabras no me estaban desgarrando el alma. —Te lo agradezco, pero no podré. Estoy a punto de irme a un lugar muy, muy lejano. Luego, le di una palmadita en la mano a mi madre, pidiéndole en silencio que me sacara de ahí y me llevara a casa.
Mi menstruación expuso todo - Romance novels & stories
Mónica Herrera
El día antes de que me bajara la regla, encontré una nota en el teléfono de mi prometido. "Mañana le llega el período. Ya le guardé toallas sanitarias y analgésicos en el bolso." Sonreí. Era un detalle tan pequeño que me pareció muy considerado. Al día siguiente, un dolor ensordecedor me retorció la parte baja del abdomen. Pálida e incómoda, rebusqué en mi bolso cruzado. No había nada. Una mancha de sangre roja oscura empapó mis pantalones. Los estudiantes señalaron hacia mi espalda y comenzaron a susurrar entre risas incómodas. Supuse que simplemente se le había olvidado a última hora. Entonces, la nueva profesora en prácticas publicó en sus redes sociales: "Acabo de empezar a trabajar y mi profesor supervisor es un encanto. ¡Hasta me compró toallas sanitarias y analgésicos! ¡Este período ha sido completamente libre de dolor!" En la foto aparecían un paquete de toallas sanitarias, una tableta de ibuprofeno y una taza de té de jengibre. Los analgésicos eran míos. Llevaba años teniéndolos en casa por mis fuertes cólicos menstruales. Las toallas sanitarias eran de la única marca que mi piel toleraba. Apagué el teléfono y me quedé mirando durante largo rato el anillo de compromiso en mi dedo. Después me puse de pie y fui directamente a la oficina del director para solicitar mi ingreso al programa de intercambio docente en el extranjero. Siete años. Él seguía sin recordar mi ciclo menstrual. Y ahora, ya nunca tendría que hacerlo.
Memorias que se vuelven viento - Romance novels & stories
Belén Cadiz
Durante una partida de «Verdad o reto», mi novio perdió y tuvo que comprarles bebidas a todos, por lo que, media hora después, regresó cargado de bolsas y, con una gran sonrisa, comenzó a repartirlas. —Jake, llevas dos días sin dormir. Aquí tienes tu helado americano. Lula, para ti el de mango y maracuyá con tapioca extra, ¿verdad? Y también tu jugo de limón, sin hielo. Lo has pedido unas ochocientas veces. Fue recorriendo el círculo hasta que todos tuvieron un vaso en las manos. Sin embargo, cuando llegó frente a mí, la bolsa ya estaba vacía. La habitación quedó sumida en un silencio incómodo. —¿Y la bebida de Harper? Todd Rossi levantó su vaso y lo tendió hacia mí. —Se me olvidó, pero puede compartir la mía. Sus amigos estallaron en risas y enseguida comenzaron las bromas. —Vamos, ¿otra vez con lo mismo? Si vas a presumir tu amor delante de todos, al menos cambia de estrategia de vez en cuando. Las carcajadas llenaron la habitación. Todos creían que aquello era una muestra pública de afecto. Pero… yo conocía la verdad: Todd no había olvidado la bebida; se había olvidado de mí. Después de cuatro años juntos, todavía era incapaz de recordar que yo era alérgica a los duraznos. Por eso, en silencio, dejé el vaso sobre la mesa. Había soportado ese tipo de descuidos durante demasiado tiempo… Y hoy, por primera vez, decidí marcharme.
Me Mandaste Lejos Para Estar Con Ella - Romance novels & stories
Leticia Velázquez Morales
Después de pasar cinco años asignada a un proyecto lejos de casa, salí del aeropuerto convencida de que Pablo Alcázar cumpliría su promesa y me pediría matrimonio. Pero me recibió con el rostro impasible. —Perdóname. Antes de que pudiera reaccionar, continuó: —Yo manipulé tu traslado… Te envié a propósito a un proyecto remoto, en una zona desértica de gran altitud del noroeste, para que Verónica y yo pudiéramos estar juntos. Ella estaba embarazada y yo no veía otra salida. Permanecí en silencio, mordiéndome el labio hasta sentir el sabor de la sangre. Cinco años de tormentas de arena, veranos abrasadores, temperaturas invernales de hasta treinta grados bajo cero y jornadas infernales de dieciséis horas. Todo había sido una cárcel diseñada por él. —Eres dominante y agresiva. Temía que le hicieras daño —continuó—. No te lo cuento para que me perdones, sino para que tengas tiempo de calmarte y no armes un escándalo. Su voz estaba cargada de resignación. Retrocedí cuando intentó tocarme y sonreí entre lágrimas. —Pablo, lo nuestro pudo haber terminado con dignidad, pero tú lo convertiste en algo imperdonable.
La Maldición de Amarte - Romance novels & stories
Dawn Ether
La noche en que la maldición de amor de Dominic Stone volvió a activarse, él trajo a escondidas a Nina Lowe, su amor de la infancia, hasta Eldon, después de mantenerla oculta en Jenton. Los dos terminaron pasando juntos siete días y siete noches. A diferencia de lo que había hecho en mi vida pasada, no irrumpí en la habitación como una loca para armar un escándalo. En lugar de eso, le cedí mi habitación y hasta preparé con cuidado un banquete para recibirla. Durante la celebración, incluso hice que mi hijo, Devin Stone, llamara «mamá» a Nina. Las conversaciones se detuvieron y el salón quedó en silencio. Nadie podía creer lo mucho que yo había cambiado. Yo me limité a sonreír. Tomé una copa de vino y se la entregué a Dominic con mis manos. —Debería acompañar a Nina durante los próximos días —le sugerí con calma—. Después de todo, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron. Este vino… Dominic no me dejó terminar. Me agarró de la muñeca y me sacó a rastras del salón. —¿Qué estás tramando? —me reclamó con el ceño fruncido—. Ya hablé con Nina. Intentaremos romper la maldición de amor y, de ahora en adelante, nos trataremos como hermanos. ¿Por qué vuelves a sacar el tema? En mi vida pasada había escuchado esas mismas palabras y me las creí sin dudar ni un segundo. Creerle fue el peor error de mi vida. Tiempo después perdí a nuestro segundo bebé y Nina quedó embarazada casi al instante. Cuando le exigí una explicación a Dominic, él mandó a encarcelar a toda mi familia. El día que, desesperada, rogué por ayuda, Dominic y Devin estaban junto a Nina mientras ella rezaba por el bebé que llevaba en el vientre. El día que ejecutaron a mi familia, los dos seguían a su lado, esperando que diera a luz. Yo me arrodillé en la nieve y supliqué que tuvieran piedad, pero nadie se compadeció de mí. Al final, morí congelada frente a nuestra mansión. Todavía recordaba aquel frío. Solo pensarlo hacía que me temblara todo el cuerpo. Aun así, mantuve la sonrisa y le encajé la copa de vino entre las manos. —General Stone, no diga eso —le respondí con una tranquilidad que no sentía—. Es un vino excelente. Debería probarlo.
Antes de casarme, desperté - Romance novels & stories
Día de Lluvia
Durante el ensayo de la boda, nos pidió por tercera vez que repitiéramos el intercambio de anillos. Mi mejor amiga, Mariana, estaba a mi lado como dama de honor y, con una sonrisa traviesa, dijo: —A ver quién encuentra el anillo. ¿Dónde creen que lo escondí? Mi prometido, Nicolás, sonrió con resignación y empezó a decir dónde creía que podía estar. Yo, empapada en sudor, no podía apartar la vista de la caja vacía. Era otra vez el mismo jueguito de siempre. Cuando éramos niños, Mariana había escondido mi bufanda en el cuarto de calderas y Nicolás se había puesto de su lado, sin decirme una sola palabra. Pasé cuatro horas buscándola y, al final, lo único que encontré fue un pedazo quemado entre las cenizas. Antes del examen de admisión a la universidad, escondió mi credencial en la caseta del perro. Me arrodillé en el suelo para buscarla mientras Mariana me grababa y mandaba el video al grupo de la clase, riéndose de lo desesperada que estaba. Durante años pensé que, si seguía aguantando, algún día terminaría acostumbrándome. Pero ahora por fin lo entendía: ellos nunca iban a saber cuándo parar. —¿Podemos dejar de hacer esto? —pregunté con la voz temblorosa. Nicolás frunció el ceño. —Luci, es solo un juego. —Sí, siempre haces lo mismo. Nos arruinas la diversión —dijo Mariana, molesta. Los dos siguieron riéndose y hablando entre ellos como si yo ni siquiera estuviera ahí. Al poco rato ya estaban decidiendo qué iban a comer esa noche, como si el anillo hubiera dejado de importarles. Los miré un momento y me quité el velo. Ya no quería seguir buscando el anillo. Tampoco quería casarme.
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