Obsesión marcada: El precio de su poder
Esa tarde, mientras él se reunía, en el ala oeste de la mansión, yo me quedé sola en el cuarto recuperando energía de la
noche anterior, me levanté de la cama para respirar un poco de aire fresco y ordenar mis ideas, un crujido me hizo girar, el hombre de la gran cicatriz — Estaba allí, demasiado cerca, con un brillo extraño en los ojos y algo escondido bajo la camisa.
—- El jefe se está debilitando contigo— su voz sonaba baja, casi tranquila; pero cargada de veneno —- no puedes dejar que lo sigas arruinando, con sentimentalismo.
El medio me paralizo, no tenía muchas opciones él no estaba y yo era en estos momentos un blanco fácil, por un segundo pude ver el destello metálico de un cuchillo,