Abandonada, porque la mujer que amaba ha regresado.
Solo para decirle gracias: por el dolor, por las lecciones, por todo lo que lo había moldeado hasta convertirlo en alguien capaz de ser gentil otra vez.
Pero no lo hizo.
En cambio, sacó su cuaderno y empezó a escribir:
“Creo que el amor tiene menos que ver con quedarse
y más con no destruirnos en la despedida.
Algunos adioses son solo formas más suaves de decir ‘te amo’.”
Se detuvo, dejó reposar el bolígrafo.
Afuera, la ciudad despertaba: coches, pájaros, un bebé llorando en algún apartamento cercano. La vida, reanudándose.