El padre de mi alumna
Finalmente la tuvo en sus brazos y se lo hizo como un loco, pero seguiría haciéndolo hasta morir.
Se sobresaltó por el pensamiento que tuvo, pero era la verdad, Mora había calado profundo en él.
Si pudiera tenerla algunos días en su cama, amarla lentamente, probar su sabor.
Se tenía que calmar, se dio cuenta que hasta se excitaba pensando en ella.
Ella era como un arcoiris, como una lluvia con sol, como una cálida brisa.
No podía creer que el idiota de Amadeo la tuviera y que encima la presentaba como su prometida.