De esposa olvidada a amada por el CEO
Él era perfecto, y en ese momento, solo suyo.
—¡Libérame! —dijo ella con voz sensual, casi implorante—. Quiero tocarte, besarte... quiero demostrarte cómo hace el amor una mujer enamorada.
Amadeo frunció el ceño, sorprendido. Pero antes de que pudiera responder, Abril habló con firmeza, con los ojos fijos en los suyos.
—Te amo —dijo, y su voz sonó como una caricia en el viento.