La Niñera del Millonario
Pero también sabía que no bastaba con tener la verdad: hacía falta poder, un altavoz capaz de gritar esa verdad en un país donde casi todos los micrófonos estaban comprados.
Rodrigo, el capitán de investigación, caminaba a su lado con la seriedad de un militar en misión. Sus ojos estaban atentos, recorriendo cada rincón, cada sombra. El político opositor los esperaba sentado en un sillón de cuero desgastado, como si ese lugar fuera su trono improvisado. Se llamaba Fabián Cárdenas, un hombre de mediana edad con cabello entrecano y un aire de seguridad que rozaba la arrogancia.
—Se hicieron esperar —dijo Cárdenas sin levantarse, apenas extendiendo la mano en un gesto protocolario.