OBSESIVO
—¡Al demonio, ya estoy harto de ser rechazado por este bastardo!
Trató de golpearlo, pero recibió un puñetazo en pleno rostro y luego uno en el estómago. Entonces, como un jugador sucio, el chico ebrio alcanzó la botella que yo recién había traído y se la estrelló en la cabeza. De inmediato la sangre empezó a correrle por la raíz del cabello, un cabello rubio que empezó a teñirse rápidamente de un vivido carmesí. Se tambaleó por el golpe, aunque no perdió la conciencia.