Lágrimas de Cristal
Cristal levantó la vista, era Diogo, la estaba mirando directo a los ojos, con la cerveza en la mano, con una sonrisa, como si le interesara de verdad lo que ella tenía para decir.
—Sí, señor —dijo Cristal, con la voz más baja, sin saber si tenía que contestar.
—Quantos anos você tem? —preguntó Diogo, con la misma voz suave, sin moverse, sin acercarse.
—Dieciocho, señor.
—Bonita idade —dijo Diogo, sonriendo— Não precisa me chamar de senhor. Pode me chamar de Diogo.
Cristal asintió, sin saber qué decir, apenada, se dio vuelta para irse, pero Diogo volvió a hablar.