La esposa abandonada
¡NUNCA!
Él se levanta, retrocede, mirándome como si yo fuera un monstruo. Quizá lo soy. En este instante, lo siento. El odio me esculpe, me convierte en algo duro y cortante.
Da media vuelta y abandona la habitación, la puerta golpeándose detrás de él.
Yo me quedo allí, tendida en el suelo frío, el cuerpo dolorido, el corazón convertido en piedra. El calambre regresa, más insistente, más amenazador.