Antes de casarme, desperté
Durante el ensayo de la boda, nos pidió por tercera vez que repitiéramos el intercambio de anillos.
Mi mejor amiga, Mariana, estaba a mi lado como dama de honor y, con una sonrisa traviesa, dijo:
—A ver quién encuentra el anillo. ¿Dónde creen que lo escondí?
Mi prometido, Nicolás, sonrió con resignación y empezó a decir dónde creía que podía estar.
Yo, empapada en sudor, no podía apartar la vista de la caja vacía.
Era otra vez el mismo jueguito de siempre.
Cuando éramos niños, Mariana había escondido mi bufanda en el cuarto de calderas y Nicolás se había puesto de su lado, sin decirme una sola palabra.
Pasé cuatro horas buscándola y, al final, lo único que encontré fue un pedazo quemado ent