La Esposa sustituta Del Mafioso
—Intentó cogerme la mano y, en un impulso, la retiré.
Se quedó mirándome y, acto seguido, se arrodilló en el suelo y empezó a sollozar, suplicando perdón...
—¡Por favor, Cami! Sé que no te merezco, pero prometo cambiar, nunca más te volveré a levantar la mano, ni te obligaré a nada, ¡lo juro! —decía esas cosas una y otra vez, pero ya no puedo creerle, parecen un montón de mentiras saliendo de su boca.