Una noche con el millonario
Sebastian se acerca a mí y trata de acariciarme, pero retrocedo mientras le pido «no me toques»
—Keira… —Mi nombre se escapa de su boca con n susurro ronco—. No planeé nada de esto, créeme. Prometí mantenerme alejado de ti, sin importar lo mucho que deseaba verte, o las noches que no dormí pensándote, que fueron muchas, interminables, dolorosas... Pero las sufrí en silencio. Las acepté porque las merecía todas y cada una. Entonces, como un regalo divino, escuché tu risa en aquel restaurant y mi jodido corazón te reconoció, volvió a la vida. Y no, no solo estoy pidiendo tu perdón, Keira. Suplico por tu amor —se arrodilla en el suelo—. Perdóname, dulzura. Ámame —me pide, sosteniendo mis manos